HAY ALGO EN EL MUNDO
(Prosa poética parafraseando a
Fito Páez)
Por:
Javier Barrera Lugo
“Hay algo en el mundo que no puedo explicar
Y que me hace temblar las piernas.
Hay algo en el mundo,
Son tus ojos el mar
donde se ahogan mis penas…”
Hay algo en el mundo- Rey Sol- Fito Páez.
Foto: Tercera di – visión, por
Javier Barrera Lugo (12/05/2026)
Todo
entró en un estado de caos digno de los instantes previos a la creación del
universo. Haces de luz haciendo piruetas suicidas frente a la cara de los
dioses, que maravillados con la majestuosidad de la naturaleza jugando con el
fuego y el peso iniciales, se permitieron la excentricidad de inventarse a la
humanidad con sus enredos mentales, dramas llenos de agobio y una levedad que
les permitió parir dirigentes cuya única misión, pasada, presente y futura,
será intentar destruir su propia esencia.
Los profetas cayeron como moscas. En sus
cavernas clavadas en los valles al
oriente del cosmos describieron caras, fechas, augurios que, de cumplirse,
cambiarían el rumbo de la especie y nos llevarían a un apocalipsis si los
hombres creyentes, aunque principalmente los no creyentes, fueran incapaces de
modificar su comportamiento pendenciero.
Todo para embellecer sus delitos, su chantaje
emocional: “¡Pórtate bien, pedazo de bestia!” … La frase se pronuncia durante eras, lobos con
dientes de acero la recitan cuando creen controlarlo todo, salvo la propensión
a la ingratitud de la raza humana. Por
eso los hombres crean y abandonan dioses a su suerte.
Yin y Yan, conceptos básicos del
universo, se funden como dos placas metastásicas entrenadas para navegar entre
penumbras y le otorgaron al pecado las virtudes de la inmortalidad y al
sarcasmo lo revisten con la seriedad del veredicto que se cumple. Así desde el
segundo uno de la creación y vigente aún, porque los hombres somos felices colocándole
barrotes a nuestras celdas de castigo.
Deuda y culpa son los mayores
antagonistas de una historia que persiste en repetirse. Pero también el amor
que les tengo a ustedes y sus ojos es inmortal, lo único que en realidad me
pasó. Solo lo bueno con ustedes, mi espíritu y mi corazón.
Todo lo narrado es el resultado de una
vida sin placer, aunque llena de motivos, de las obligaciones y estómagos
vacíos. Desde hoy nada será igual entre las manos frías de los querubines; la
piel se secará y una tenue brisa esparcirá por exactamente diez segundos mi
esencia por las trincheras donde alguna vez soñé ser uno con el lodo parental.