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lunes, 6 de mayo de 2013


CALEIDOSCOPIO
Por: Sanlisan



Uno debería pensar más tiempo en los colores. Detenerse a ver cómo nos atraviesan sin que ninguno de nosotros se dé cuenta.Dentro de su brillantez, logran atraparnos, sin sentido, nos hacen presos y nos dejan libres, medianamente logramos separarlos uno del otro.
Osadamente hemos cambiado sus nombres a nuestro antojo y ellos dan cuenta de eso, de esto que no es normal. Y cobran vida.
El más puro de los azules, mal llamado celeste, te eleva para confundirse con el cielo soleado del invierno, te lleva y sin avisarte te suelta: caes al abismo.
No hay nada de malo en ese amarillo que alegra las mañanas, que confunde las tardes de encierro, que sólo él hace que termines el día en calma.Puede ser que el naranja te distraiga, durante los fines de semana recobra su fuerza y se engrandece, eres casi que minúsculo a su lado, eres solo lo que queda.Ni que decir del rojo, que se mimetiza con los labios, los ojos y el corazón, que se hace llamar dueño del amor, es capaz de hacer contigo lo que quiera, ir, esperar, viajar, regresar, reír, llorar, esperar, desesperar, aguantar, soñar, desear, llorar otra vez, sufrir, ver hasta quedarte ciego y volver a desesperar. Ese que parece inofensivo que atrae a tu piel cuando se dibuja en cualquier parte. Rojo pasión. Rojo dolor. Rojo fervor. Rojo dolor.
Uno debería ser más responsable, nosotros no debemos elegir, ellos son quienes por derecho de existir desde antes, nos debieran elegir. Dejarnos sentir sus ganas de permanecer a nuestro lado, adornarnos con su luz, llenarnos de motivos para despertar, levantarse, lavarse y volver a soñar. Cada uno se quedaría eternamente y por fin seriamos la muestra viva del color con el que abusamos al utilizar sus nombres. Podríamos elevar las anclas, fundirnos en el mar y no dejar de ser nosotros juntos, en el fondo del océano se dispararía nuestra propia luz, nos reconoceríamos a miles de kilómetros de distancia. Seriamos felices sabiendo que ya no deberíamos buscar más. Se acabaría el problema de padecer el ser otro, de confundirnos. No existiría nunca más algo a lo que llamemos negro. Pasearíamos entre nosotros como un arcoíris capaz de llegar a cualquier lugar con sólo sacudir el pelo.
Varios de ellos me persiguen hace días, hacen que me fije en ellos, que quiera tocarlos, que desee sentirlos. Van haciendo un camino, van dejando las huellas una por una y me gritan nombres, lugares, deseos que ya no sé si son sólo eso o mi idea de un sueño en el que realmente creo que te veo.

lunes, 22 de abril de 2013

PROMETEO Y LA OSCURIDAD


HISTERIA DE KAUIL
SEMPER  SIMUL  SEMPER CARMINA, CATA


PROMETEO Y LA OSCURIDAD
POR: JAVIER BARRERA LUGO

A veces quienes menos apuestan terminan llevándose las mejores partes del cadáver. Se comen la médula que representa la espiritualidad de lo que en ese momento son trozos de proteína a punto de ser devorada. Rasgan las extremidades, trituran huesos de lo que fue unidad y certeza de vida. Esos, que esperan boquiabiertos la materialización de sus deseos, escriben música sobre los cuerpos desvencijados  de los mártires. El honor, concepto llevado a extremos enfermizos por los poetas guerreros, los hace parte inoperante de una jugada parasitaria. Suenan tambores de ejecución, la muchedumbre hastiada de milagros ahora testifica con su silencio mordaz, el pago que un ilustre desconocido hará plausible ante los dioses sordos que todo lo cobran.
Prometeo les dio el fuego a los hombres y ahora es encadenado en Escitia a una roca por la eternidad, vientre al cielo para que un águila, cada día de la eternidad, le abra el cuero del tórax y se coma su hígado, que en las noches se renueva para hacer palpable el doloroso castigo por traicionar a los dioses. Los dioses, los putos diosecitos inconscientes, se extasían viendo a través de las ventanas del Olimpo, cómo su poder, fracturado por la arrogancia de un idealista, se restituye y fortalece a través del miedo. Un tallo de cañaheja encendido fue la ofensa, una víscera fresca el decoro que se restituye de la única manera apropiada que sirve también para educar.
Patente de corso las ganas de llegar al sol cobijado por la sombra de otro. El mártir cumple su condena, los ídolos siguen recibiendo culto y sacrificios insignificantes, los hombres, hipócritas como ninguno, reverencian, pero en la oscuridad de las cavernas utilizan el regalo del titán para construir pequeños imperios. El fuego se encapsula y termina sometiendo a los menos adaptados, a los cobardes, a los débiles. Todo está consumado para quienes quisieron dejar huellas palpables en el polvo del mundo y sólo consiguieron ser retratados por alucinados como Esquilo, el trágico escribidor de fracasos.
Pero el protagonista de esta historia no se conformó con ser el idiota que expió la necedad de los hombres y sus padres. Según me contó una vez en una cantina de Yacó, la mañana del año siete mil ochocientos cuarenta y nueve de su suplicio entendió que los castigos dejan de tener vigor cuando desaparece el concepto de culpa. Al siguiente día, cuando el águila llegó, la tomó por el cuello y le arrancó la cabeza, estiró las cadenas y estas cedieron, se dio cuenta que sus carceleros, los dioses, habían muerto hacía mucho y a sus reemplazantes les importaba demasiado poco su suerte. “Siempre estaré solo, lo que sucedió debía ser, pero si algo me quedó claro es que por ustedes no me vuelvo a echar la responsabilidad”, dijo, y continuó: “yo fui la prueba fehaciente de que los hombres no merecen confianza, que al igual que los dioses que detestan, prefieren comer mierda en silencio monacal que compartir el pan, ese es el gran pecado de su género”. Concluyó. Tomó dos tragos más de aguardiente y se fue sin decir adiós.
Mesías y ovejas ansiosas por devorar, Prometeo y la longevidad de la ambición, todo redundando, creándose y muriendo sin ninguna utilidad práctica. Trata de soñar y de luchar tus sueños, eso es lo único valioso que puede guardarse un ser para el día en que todo acabe. De héroes está lleno el cementerio, me recuerda alguien, un pragmático, de escritores ilustres y sin voz las bibliotecas que nadie visita, añado, de lugares comunes y discursos repetidos el planeta que más fracasos posee, manifiesta un profeta. Trata de ser feliz en la oscuridad.