Páginas

viernes, 3 de febrero de 2023

ESTA MADRUGADA - POESÍA-

 


ESTA MADRUGADA

 

Escrito por: Carlos Eduardo Rodríguez Casallas "Munévar"

 

 

Esta madrugada te encontré allá,

Donde de manera eterna y segura

Prevalece ese infinito amor que te guardo;

Allá, donde jamás nos interrumpe nada,

Ni nos interrumpe nadie,

Donde el miedo, la envidia y el qué dirán

Son solo eso: gritos alimentados de un sepulcral silencio

Y qué, infructuosamente,

A nuestros corazones puede lastimar.

 

Esta madrugada te encontré allá,

Donde nuestra voluntad impera,

Donde somos dueños de todo

Y somos dueños de nada;

Allá, donde el tiempo no transcurre,

Donde tú y yo jugamos a ser los héroes

O los villanos,

Protagonistas de una historia de amor

Eterna y feliz.

 

Esta madrugada te encontré allá,

En el único lugar donde todo esto y más

Siempre será…

Allá, en ese lugar,

En la única parte en la que Dios ahora

Solo me permite alcanzarte y ser tu dueño.

 

Esta madrugada te encontré allá

En aquel lugar al que por mi fugaz dormir

Difícilmente se me permite llegar ya.

Esta madrugada te encontré allá

En mis sueños,

En el único sitio en el cual la vida

Me permite encontrarte a ti.

 

21/01/2023

 


Sobre el autor:




 

Hoy nos acompaña con un poema de su autoría, el amigo Carlos Eduardo Rodríguez Casallas, el reconocido Munévar, el inefable “Gordo”, el muy impopular "Casallas". Nuevamente abraza las causas de la literatura y su difusión desde este tablado, y como siempre, es bienvenido. Ojalá, como de costumbre, no salga con un chorro de babas.

Munévar es un personaje dispar, hombre que se mueve entre los límites de la lucidez y la camisa de fuerza. Obsesionado con un dibujo que alguna vez hizo de él un artista borrachín en Café Cinema de Terraza Pasteur, a mitad de la década del 2000,  se considera la encarnación de Paul, personaje de Marlon Brando en la película “El último tango en París”. 

Desde ese día jura que se ve parecido al ídolo de Hollywood nacido en Omaha, Nebraska,  y desde ese día, también, confirmó  su lugar como tipo excéntrico en un planeta, en una sociedad, de las que se declara perseguido.

Enhorabuena su aporte. Espero sea del agrado de quienes nos acompañan en este esfuerzo por darle privilegio de honor en el mundo a las letras. 

Esperamos sus comentarios, que compartan esta publicación, pero sobre todo, que tengan un espacio de paz en esta su casa.



Redacción Blog Idiota Inútil.

martes, 17 de enero de 2023

Perfume de Azahar (El viaje) - Poesía


 

Perfume de Azahar

(El viaje)


Por: Javier Barrera Lugo


Y todo parece flotar

En este limbo cegado

Cuyo sonido alado

El ánima hace vibrar,

Fluye el ansia de andar

En este loco delirio

Que como un colirio

Preparado en encierro

Adecentó el destierro

Rostro vil de mi martirio.

 

Caminar fea urbe sorda

Donde mis pasos sin huella

Estarán en una botella

Que llegará a esa horda

Agónica en la borda

De los infieles amantes

Que en mapas augurantes

Hallen las rutas selectas,

Letanías, dudas, señas,

Para preparar sus viajes.

 

El camino es un alma

Que pide abandonarse

Y de tajo engancharse

Con esa mujer cuyo karma

Niega de tajo la calma;

Una noble mozuela loca

Cuyo trance desemboca

En África y su piel,

Ojeada libre de hiel

De lujuria, fe y bronca.


¿Cuán lejos está la casa

Donde pariste los sueños

Que ya hoy corren libertos

Y son calor, la hogaza,

Bello son de tu templanza?

Tu nuevo hogar el mundo;

Rodar como vagabundo

Es tu nuevo mandamiento,

Acallar al avariento

Será tu placer profundo.

 

 

 

Han pasado continentes

Por este joven corazón,

Álgida y pía quemazón

En unos pies diligentes

Creando sendas urgentes.

El viaje ha comenzado

Y un edén ensalzado

Aguarda nuestra simiente,

Luna en cuarto creciente

 Lloviendo sobre mojado.

 

Vibra leo en casa nueve

Ese espacio del pensador

Del argonauta impostor

Que tres mil acasos mueve

Al encontrarse la nieve.

Los astros se alinean

Abren senderos, motivan

Se vuelven sino liberto,

Fruto latente del huerto

Donde los ciegos otean.

  

Llueven memorias aladas

E impregnan la música

Que igual a una rúbrica

Estampada en las aguas

Brinda mil corazonadas.

El viaje será constante

Para tu faz militante

digna escuela de vida

Fecunda, bien habida,

Terca fiebre dominante.

 

Cae el sol en el averno

Donde las sombras se fueron

Juntáronse y crecieron;

La errancia es fraterno

Lastre con tinte lobezno,

Candente aullido feraz

Separado de lo falaz,

Verde huracán, huida,

Que la tristeza oxida

Como remembranza voraz.

  

Acaba esta visita

Pero sigue la travesía,

Cometer a diario poesía

Que en el cuerpo habita

Y la quimera excita,

Hacer de la remembranza

La pacífica venganza

Ataviada de libertad,

Colindante con la verdad

 De esta limpia romanza.


Acto revolucionario

Caminar alborozado

Un orbe anarquizado

Lento y estrafalario,

Lumpen e imaginario.

Viajar, soñar, no redundar,

Tratar de inmortalizar

La carretera oscura,

Peligrosa como miura,

Perfumada de azahar.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

 


11 DE SEPTIEMBRE: UNA FIESTA MACABRA

Por: Javier Barrera Lugo

 

“… pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza”.

ALLENDE-Mario Benedetti-



Imagen tomada de:https://elpais.com/internacional/2021-09-10/.html 

Estruendos repetidos como cuervos en una pesadilla llenaron de histeria los pasillos de La Moneda, casa de los gobernantes de Chile. Cargas de metralla, tiros a diestra y siniestra, gritos de muerte y amenaza se colaron por los rincones haciendo del sencillo ejercicio de pensar una tarea digna de titanes. Allende, el Presidente Salvador Allende Gossens, resolvió dejar por un momento su AK-47 sobre el escritorio de madera. Sacó del bolsillo izquierdo de su pantalón uno de los pañuelos que Hortensia le regaló para su cumpleaños. Como abnegado escolar limpió los lentes de carey que siempre acompañaron sus cuitas más profundas y se abstrajo un momento de los hechos que lo tenían como protagonista obligado de una fiesta macabra. La decisión que debía tomar era la más importante de su mandato, la más jodida de su vida, necesitaba observar detalles mínimos para sustentar el desenlace. Sus hombres de confianza, miembros del GAP (Grupo de Amigos Personales, su escolta), una docena de carabineros leales y algunos colaboradores de la casa, mantuvieron a raya a los tres centenares de elementos del ejército, que enviados por Pinochet y sus secuaces, cumplían la orden de destrozar la opinión del pueblo desde sus cimientos. El 11 de septiembre de 1973, la glorificación de la subversión democrática, la fiesta de los esclavos, llegaba a su fin.

 El no, dado por el Presidente Constitucional fue radical. Sus planes jamás incluyeron claudicar ante una junta militar conformada por los más grandes Judas en la historia del continente, tipos que mordieron no sólo la mano del hombre que los alimentó sino la dignidad de todo un pueblo seducido por la visión de justicia. Infames, juraron lealtad al líder horas antes de perpetrar una masacre que le quitó la voz y las manos al futuro.  El pueblo le entregó a Salvador Guillermo, a través de las urnas, la custodia de las leyes para hacerlas cumplir. El sentir y quimeras comunes eran un mandato imposible de negociar, menos con una camarilla de rufianes. De inmediato, los conspiradores decidieron enviar aviones de combate Hawker Hunters para bombardear La Moneda. La explosión del primer cohete sura dejó aturdidos a quienes defendían la democracia.  Marcelo, Víctor, Máximo y Alfredo, recogieron del piso a Allende y lo trasladaron hasta su despacho. “¡Todo bien! ¡Todo bien! El hombre tiene rasguños. Nada importante”, le informaron al resto de la guardia pretoriana del imperio de los trabajadores. El viejo Presidente tomó el Kaláshnikov y lo terció sobre su hombro derecho.

 

    Cerraron la puerta de la oficina contigua y de inmediato se tomaron decisiones. Freire consiguió comunicación con Radio Magallanes, la única emisora que no había sido usurpada o destruida por los militares golpistas. A las 10:15 de la mañana Allende, el médico que quiso extirparle a Chile la enfermedad de la desigualdad, se dirigió por última vez al pueblo. Le recordó a cada uno de los ciudadanos que su lucha era por los derechos, por la igualdad de las personas, que se venían días duros, que resistieran, pero no se hicieran matar en vano, los mártires no reconstruyen las sociedades.

 

     Lágrimas cubrieron los rostros de cada uno de los camaradas de sitio. Allende, al sentir el gemido de las balas sobre su cabeza, decidió cubrirse en el envés de una columna. No era un hombre de guerra tácita, la suya fue una confrontación de ideas desde que era niño. Ahí, resguardado tras una mole de piedra, se acordó de lo que le dijo el Che, Ernestito Guevara, la primera vez que hablaron cuando coincidieron en un encuentro de izquierdistas en Uruguay, uno como héroe universal de la rebeldía, el otro, como insigne Senador de una patria inconforme. Aquellas palabras en ese instante brumoso de agonía le dolieron por ciertas:

 

Imagen tomada de: https://viva.org.co/cajavirtual/svc0725/articulo06.html

“No confíes en los militares jamás. Puede ser General el que te prometa lealtad, pero ellos están acostumbrados a recibir órdenes, a acatar y ya. Tú, más que nadie, sabes a quién le hacen caso. Eres una exquisita rareza que nunca entenderán. Cuídate o ármate, amigo mío, las revoluciones no se mantienen con clavelitos y puños cerrados solamente.”

 

-Si tú también eres militar, Ernestito. Cómo me vas a decir eso-respondió sonriente Salvador.

 

-No soy militar, Senador. Soy médico e insurrecto. Militar nunca.

 

    Los hombres que detenían la contraofensiva enemiga empezaron a caer como moscas. El humo generado por el incendio que desató el bombardeo nubló los pensamientos del grupo. Allende decidió quitarle el seguro al fusil y defender lo poco que quedaba de institucionalidad. Reinaldo y París se apostaron en las ventanas y no dejaron de disparar, Mauricio, Carlos y Miguel contaron las granadas que quedaron y las distribuyeron entre los miembros del GAP. Julio y Mauricio no se despegaron del Presidente. “Tenemos un atisbo de moral. El pueblo no abandona a sus líderes. La gente reconoce al enemigo. Estamos con usted Allende”, dijo en tono heroico París, quien tenía una herida superficial en el antebrazo izquierdo. Esas frases fueron el impulso vital que los hizo retomar la lucha con ahínco.

 

    A las 14:20, los insurrectos entraron a La Moneda. Allende tomó el casco verde oliva que se puso desde el inicio del motín y salió de la oficina dispuesto a todo. Las balas llenaron los corredores, todo eran chillidos y desesperación de lado y lado. Los miembros del GAP cayeron uno a uno, con honor, protegiendo al alfa como lo juraron. Salvador, “el pije”, “pollo fino”, el hombre que el pueblo eligió para garantizarse respeto, prefirió la honradez de la muerte al abyecto tratamiento de prisionero que le querían endilgar sus antagonistas, la figura ejemplarizante para una sociedad sometida por las armas. Se suicidó en uno de los zaguanes de una casa que empezaban a llenar las sombras. Silencio total.  La Unidad Popular, el Chile de carne y hueso, partido conformado por todas las facciones de izquierda, perdía al hombre que por primera vez en la historia del hemisferio occidental ganaba unas elecciones representando al socialismo sin otra denominación, a las fantasías de los oprimidos, a quienes por centavos se quemaban los pulmones en los socavones de las minas de cobre y las salitreras, a los hambrientos de los tugurios que exigían un futuro distinto para sus hijos.

 

   “Misión cumplida. Moneda tomada. Presidente muerto”, fue el parte de victoria de las bestias. Víctor Jara, el hombre al que Vicentico y los Fabulosos Cadillacs le piden que resista en la canción “Matador”, también cayó un par de días después, víctima del ímpetu vehemente asumido por la tropa. Millares de chilenos fueron torturados, desaparecidos o tuvieron que exiliarse. El Estadio Nacional de Santiago se volvió por semanas, el campo de detención y exterminio a cielo abierto más grande en la historia de América. La desdicha se perpetuó, los abusos se hicieron norma. Sombras, siempre sombras en un lugar donde los pájaros azules alguna vez llenaron los desiertos con su vuelo enloquecido.

 

    Desde Atacama, Antofagasta, Maule, Biobío, La Araucana, desde cada punto brioso del país, a través de las células vegetales de una nación apuñalada por una recua de hijos cegados por la codicia, la memoria de los seres se detuvo. Dragones inundaron con fuego las venas de una tierra anegada por la sangre inocente. Bailaron alrededor de las hogueras espectros amordazados y sin lengua, también las almas de quienes esperanzados supieron que las tragedias jamás son para siempre. De a poco la historia se encargó de limpiarle la cara a la vida. Cientos de purgas se llevaron a cabo, pero el bacilo de la emancipación se mantuvo incólume en los cerebros libres de niebla. Primavera tras primavera, las voces decidieron hacerse fuertes, las calles se llenaron de arengas, se le mostró al dictador que los brazos estaban sanos para pelear.

 

    Los traidores recibieron su merecido. Pinochet, lunático y mediocre, terminó pidiendo clemencia desde su silla de ruedas, todos los pusilánimes hacen lo mismo al final del camino, están acostumbrados a arrodillarse. Chile floreció otra vez, la melodía se impuso de nuevo al silencio, las fotos de Allende, escondidas tras las puertas, volvieron a ocupar lugares de privilegio en las casas de los que nunca olvidaron al gestor de una revolución parida en las urnas, nunca en las trincheras. La verdad salió a flote, los culpables siguen pagando, escondiéndose, nada bajo el sol puede estar oculto. Por las calles retumban manadas de espíritus caminando dispuestos a defender lo que ganaron con pundonor. Los pájaros, benditos pájaros azules, enfatizan colores de una tierra bendecida y maldecida por la riqueza, un suelo, un entorno que ni siquiera los bárbaros pudieron agotar.