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lunes, 11 de marzo de 2013

LOS VERDADEROS JÓVENES


HISTERIA DE KAUIL
SEMPER  SIMUL  SEMPER CARMINA, CATA


LOS VERDADEROS JÓVENES

Por: Javier Barrera Lugo



“Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha.”
Salvador Allende.
“La juventud debe ejercitar los derechos que ha de realizar y enseñar después. “
José Martí.

Somos, como sociedad, el resultado de infinitos experimentos fallidos, eso para nadie es un secreto. Hijos, nietos, tataranietos, verdugos y víctimas de infamias como la invasión a sangre y fuego por parte de España y sus criminales lacayos, las guerras de independencia cuyo resultado siniestro fue  la legitimación de esa fastidiosa oligarquía criolla que aún hoy persiste en su idea de asesinar a la gallina de los huevos de oro con mezquindad y arribismo, patria boba, la guerra de los mil días y los millones de caídos en combate (jóvenes, como en la mayoría de las confrontaciones), la violencia partidista, el frente nacional, la guerra insurgente y contrainsurgente, el narcotráfico, saqueos disfrazados de libertad de mercados, bancos rapaces lucrándose de la necesidad y sueños de la gente, el ilusorio estado de bienestar con Empresas Promotoras de Salud (EPS) llenándose los bolsillos y matando a sus afiliados (afiliados que pagamos, por si lo han olvidado)  y fondos de pensiones dispuestos a condenarnos a la miseria. La maldita guerra como destino. Todo un fracaso, tan cotidiano que ni siquiera nos avergüenza, la conformidad nos lleva refunfuñar y desear, mediocres, anestesiados, plenos en un estado de confort artificial, pero a la hora de iniciar cambios, por mínimos que sean, nos hacemos para atrás, dudamos, compramos algo bonito y terminamos en casa viendo la telenovela de moda. Todo queda ahí.
Simplista e irrelevante hablar de un entorno social que no está a punto de explotar, parecemos felices de estar varados en el mismo lugar.  El gran problema de Colombia, como nación, está en la pasividad con que muchos de los individuos que la conformamos, afrontamos la realidad. Dejar que las cosas pasen si no nos afectan directamente es la panacea para acallar la conciencia. En mi columna anterior abordé el nihilismo como corriente de pensamiento que ataca directamente la atroz banalidad con la que desafiamos el problema de conciencia que nos genera un mundo enloquecido por el consumo. Este ha sido el hilo conductor de mis últimas disertaciones, pero en la semana que corre, ciertos eventos me han proporcionado nuevas luces esperanzadoras respecto al futuro que podemos construir.
A continuación compartiré un problema y un matiz que al discernirlos, si bien no son la clave mágica para resolver la dificultad que planteo, espero sirvan como válvula de optimismo reflexivo que nos mueva los huesos y nos cree por lo menos una actitud crítica respecto a lo que merecemos del futuro, lo que necesitan los nuevos colombianos en quienes no confiamos y que con sus actos generosos demuestran que ni el futuro es tan aciago, ni la juventud es un enemigo al que hay que aniquilarle su capacidad de subvertir, de crear, de demostrar lo equivocados que estamos quienes en su momento fuimos llamados “generación de cambio”.

La confusión lleva a lo profundo del bosque.

Domingo cualquiera, cuatro de la tarde. En el CESPA, Centro Transitorio Para Adolescentes, entidad de apoyo que se encarga de atender el procedimiento de responsabilidad penal para menores de edad, regentada por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), se respira una calma que huele a preámbulo de tormenta. A esta hora, los funcionarios que atienden el turno están extrañados por la escasa cantidad de muchachos que han sido llevados por la Policía de Infancia y adolescencia, para presentarlos ante un defensor de familia y su equipo psicosocial e iniciar el trámite de verificación de derechos. Eso en palabras llanas significa que deben preguntarle al indiciado si recibió buen trato de parte de la autoridad, se le explican sus garantías, responde una serie de preguntas hechas por profesionales en el área de trabajo social y psicología, llama a sus padres y es remitido al Instituto de Medicina Legal, para los exámenes de rigor. Cabe resaltar que en ningún momento, sin importar qué infracción o delito haya cometido el menor, puede ser esposado o ultrajado por los policiales.
A las cinco de la tarde el panorama cambia. A la oficina de la psicóloga comienzan a llegar muchachos en problemas. Desde esa hora, hasta las diez de la noche, cuando se acaba el turno y tengo que irme, son cuatro los jóvenes que exponen de mala manera los motivos por los cuales han sido llevados hasta allí. El panorama es el mismo: rezagos de adrenalina hacen brillar los ojos asustados de los muchachos, casi niños, que llegan acompañados de un patrullero. Sus faltas: agresión al servidor público, posesión de estupefacientes, robo de productos en supermercados, riñas callejeras… Etc, etc. Las preguntas son estandarizadas, burocráticas, las respuestas un compendio de las mismas quejas que a nadie parecen importar: la mamá trabaja de domingo a domingo y el esposo actual, con el cual tiene dos “hermanitos” y mantiene a los otros tres del primer compromiso, después de embriagarse, golpea a propios, hijastros y mujer con un sadismo semejante al de un legionario romano en batalla. Que su consumo de estupefacientes, alcohol y tabaco es esporádico, que “los angelitos también se tropiezan, profe”, como le dicen afables a la psicóloga a la que no recuerdan, pero que los ha visto pasar por esa silla en promedio cinco veces desde que fueron aprehendidos uno o dos años antes. En el rostro de la profesional la decepción y tedio son evidentes.
-¿Esto que se realiza aquí tiene algún componente de mejora para los infractores, Doctora?- le pregunto. Ella organiza la documentación propia de su oficio y responde de manera lapidaria:
-Es lo decepcionante. Pasan una o dos noches aquí. Los padres se comprometen, se comprometen ellos, firman acuerdos de verificación de los compromisos antes admitidos, se tabula información y esta es enviada a la regional del ICBF, vuelven, mismo comportamiento, misma madre golpeada, mismo consumo que se niega… Amenazar con institucionalizarlos (encerrarlos en el reformatorio) es simplemente un juego de reglas; a los pocos días escapan y en un par de meses están de vuelta aquí… Bueno, al Redentor (centro de reclusión con estricto reglamento), sí le tienen miedo, allá la disciplina es mayor, trabajan; los funcionarios no son permisivos, allá si es en serio el cuento de la formación, pero los cupos son escasos, vive atestado.-manifiesta.
No voy al detalle, la “Profe”, está ocupada y mis preguntas no tienen mayor sentido. Todo está dicho, lo grita el mutismo de la oficina, las caras de pocos amigos de los adolescentes, el afán del policía por salir rápido del “chicharrón”. La atmósfera constriñe, “primero muerto antes que lidiar con la ingratitud de una tarea pesada y llena de  resignación como esta”, pienso para darme valor. Cierro la conversación con una infidencia que segundos después me atormenta haber expresado:
-Estudie con Terciarios Capuchinos, los que dirigen el proyecto del Redentor. Unos tipos disciplinados que dan estructura a la gente que acogen… Deberían administrar más centros, ayudaría mucho…
-Ellos controlan casi todas las instituciones. La única fuerte es el Redentor- dice aséptica la funcionaria.
Silencio.
El estado perpetúa la miseria, condena a unos cuantos para que otros puedan tener vidas moderadamente normales, esa es la sensación de boca que me queda. Si no es esto es la guerra, “el combo”, la pandilla, la puta calle del Bronx, repetida por todo el país. Estos ciudadanos sustentan las dádivas que llegan menguadas hasta quienes las necesitan. Una familia en problemas genera ingresos para mucha gente, por lo que concluyo, estas problemáticas son círculos viciosos que facilitan el flujo de dinero para llenar muchos bolsillos. Seguridad democrática, prosperidad para todos… ¿Algo más por esperar de una sociedad sorda a la cual parece importarle más quién se gana el reality o cuál cantante de vallenato le rompe el lomo a la mujer de turno?

Sorpresa en mitad del aguacero.



Felipe, llegó con el ímpetu desbordado, ideas frescas y con ganas de salir del corazón para volverse tangibles. Tiene diecisiete años, es músico, le gusta el fútbol y juega bien. Es uno de los  trescientos mil  jóvenes que en diciembre terminó los estudios secundarios. Hace parte de una nueva generación que vuelve atávico el miedo que invade a padres y ciudadanos mayores de treinta, por estos días: hijo de la tecnología, la televisión basura (casi siempre ha sido así, digo yo), los videojuegos, la interactividad, ese vacío que se come las venas de la gente y se confunde con el “libre desarrollo de la personalidad”. Quiere irse del país para depurar sus conocimientos musicales, por el momento estudia en la Academia de artes Guerrero, trabaja en el almacén de la mamá  y estudia inglés.
Refiero la mañana del pasado domingo, antes de salir para el CESPA: con voz encendida me contó que hace parte de un movimiento social juvenil que quiere dar a conocer los derechos que por ley garantiza el estado a este grupo de población. Acampan, reciben clases de liderazgo,  realizan actividades de integración con niños y ancianos en situación de vulnerabilidad, se reúnen, piensan, ¡PIENSAN!, por amor a Dios, capotean el asunto del licor no con restricciones sino con conceptos sólidos y sentido común, nada de facilismos y culpas, no beben porque prefieren invertir dinero y tiempo en actividades que les hagan crecer el espíritu. El estigma de “la juventud sin sustentos ideológicos o morales”, que como loros repetimos los “mayorcetes”, queda fuera de contexto al escuchar a tipos como Felipe y sus compañeros. Cuando le pregunto si ve futuro para sus iguales, responde de manera tajante: “El futuro es una cosa que se construye con dignidad y disciplina. Es una tarea personal que necesita de un grupo estructurado como apoyo. Me enerva ver a gente de mi edad pensando en el dinero que va supuestamente a ganar cuando termine ingeniería en una universidad con prestigio, en esos cinco años disfrutarán, se excederán, algunos tendrán hijos y caerán ante la tentación del estatus que da su profesión o en el peor de los casos tendrán que conformarse con lo que el sistema quiera pagarles. En el fondo alquilan su felicidad, pero la felicidad no es eso, es verle la cara a un anciano cuando  compartimos con él un almuerzo, la sonrisa de un niño al asistir por primera vez a una obra de teatro… Eso es la vida. Hay gente que pasa y no ve o hace nada en el mundo, ni sufrimientos, exclusión, desventura, belleza, amor, piedad... Hacer plata es fácil, Javier, lo difícil es permitir que esa circunstancia sirva para algo”, me dijo con una sensatez que agradecí.
El “pelado” estaba feliz contándome su nueva vocación. Yo, orgulloso de comprobar que los jóvenes de este país no son los “locos buenos para nada”, que muchos padres y miedosos observadores han querido crear y no han logrado consolidar del todo. Me explicó el marco conceptual de la ley 375 del 97, famosa y desconocida ley de juventud, que ellos, los jóvenes, están dispuestos a hacer respetar. Esto generó curiosidad, varias preguntas de verificación que él, respondió con sapiencia.
-Dígame si me equivoco: ¿Los que manejan temas de juventud en este país por lo general tienen más de cuarenta años y no tiene ni idea del cuento, no cree?
-Vivo en Mosquera (Cundinamarca), y los encargados de este tema en la alcaldía no conocen del asunto por el cual cobran sueldo, se ponen nerviosos, se pasan la “papa caliente” entre ellos, tratan de deshacerse de nosotros con cartillitas sobre sexualidad y promesas vanas. Colocan al joven en un corralito pequeño, creen que política de juventud es hacer un par de conciertos de hip hop, entregar balones donde no hay canchas para jugar,  levantar dos tumultos de tierra para que la gente practique skate, regalar tres becas en institutos de garaje donde enseñan sistemas y decirle “parce” al beneficiario cuando se las entregan. Eso para ellos es ser joven, un prejuicio que no tiene que ver con la edad, la de ellos y de nosotros, una simple suposición que hace daño.
-¿Qué significa ser joven en estos días, según su visión y la de sus compañeros?
No ver las cosas que da el estado como un regalo sino como derechos. Ellos desconocen esos derechos y dan sobras a los programas que tienen que ver con nosotros. Esto pasa por desconocimiento de las normas, por pereza, por omisión. Nuestra principal tarea es hacer visibles las políticas que nos benefician. Los jóvenes tenemos problemas fuertes, pero no son diferentes a los que tiene los adultos, drogas, licor, cigarrillo, ETS. Nos criaron con miedos, encerrados en conjuntos residenciales, lejos del campo. Somos, históricamente, la generación que más información tiene disponible, pero esta es sesgada, comercial, no aporta. Podemos tener problemas que no iniciamos y queremos ayudar a resolverlos, ojalá nos dejen.
-¿Qué es para usted el futuro?
-Algo que cada uno de nosotros debe construirse, no esperar que otros lo hagan. La prioridad es educarse y tener conceptos propios, no conformarse, sacar adelante lo que uno ama.
Felipe, se va para su casa y me deja una sensación de alegría que no experimentaba hace mucho. Los jóvenes son optimismo, confusión, ideas, no resignación. Como sociedad les hemos fallado y como sociedad debemos ayudarlos a que logren lo que se proponen. Ellos son los líderes del futuro, pero nosotros los que dirigimos ahora y no estamos realizando bien nuestro papel. Como Felipe y sus compañeros de la asamblea juvenil, hay miles de muchachos diciéndonos: ¡NO ESTAMOS DE ACUERDO!  Deberíamos preguntarles porqué.
Vale la pena mencionar también a los estudiantes de bachillerato y educación superior que se manifestaron contra la ley 30, que pretendía atropellar la educación pública en este país (Derecho amparado por la Constitución). Un ejemplo de organización, tolerancia, respeto por el prójimo y del activismo creativo que empieza a tomarse al mundo. Hace más de un año le demostraron a los violentos, a los omisos y a quienes se consideran dueños de este país, que hacer diferente las cosas es posible, sano y sobre todo, necesario.
Desde Idiota Inútil, manifestamos el apoyo, respeto y cariño para los verdaderos jóvenes que hacen parte del país.  Este espaldarazo no es pragmático sino ideológico, de razones, eso lo dejamos claro ahora. 

lunes, 4 de marzo de 2013

ALGO DE AYER


ALGO DE AYER
Por: Fernando Vanegas moreno






Si que era fría esa mañana…, salió sin prisa, asomándose a su tristeza cotidiana, creía en su alma que todo mejoraría con el paso de las horas. Mientras esperaba el bus, subió las solapas de su abrigo, sacó de su bolsillo izquierdo el último cigarrillo que le quedaba, lo puso en su boca y luego de encenderlo, inhalo con fuerza aquel beso prendado de nicotina y de barbarie. Buscaba en su memoria el recuerdo perdido de esa niña, la de ayer, la del colegio, la que fuese en un momento de locura adolescente, su amiga, su novia, su amante, su esposa. Últimamente la evocaba demasiado…., tal vez era el cansancio de su vida desordenada y sin sentido, tal vez era solo la necesidad imperiosa de querer, de amar, así solo fuera a un recuerdo; hacia tanto tiempo de su soledad, que ya extrañaba el dulce dolor de enamorarse.
Estaba agotado, lo miserable de su alma solo se equiparaba con la grandeza de sus ideas, su pobre apreciación de sí mismo, no era para nada concordante con el concepto de “genio”, que de él tenían la mayoría de sus conocidos, y es que sí, era un genio, algo loco, algo descuidado, algo hijueputa, pero un genio.
-Oiga marica, ¿Por qué fuma tanto?
-Don Marica pues merezco respeto (contestaba cuando así lo interrogaban), fumo tanto porque solo la nicotina es capaz de hacerme escapar, y rápido, de juicios de valor como el suyo.
No aceptaba la intromisión fastidiosa de otras personas en su vida. Él y solo él era el dueño de su destino, y así, esa mañana, con nostalgia volvía al tiempo aquel en que “capaba colegio”, solo con el firme argumento de esperarla a la salida de sus clases, cargar sus libros hasta la puerta de su casa y despedirse con un beso inocente hasta la tarde siguiente, cuando muy seguramente, el Wimpy de Unicentro se convertiría en el testigo alcahuete de ese amor infantil ya madurado.
Ya en su transporte, busca la silla más apartada, se sumerge de nuevo en sus coloquios y en un momento dado la ve reflejada en la ventana empañada de su lado, el corazón se para, es imposible la casualidad, voltea con violencia y…, no la ve… ¿acaso su ejercicio mental de evocación, ya raya en la obsesión y la locura? No, no puede ser. Hace tanto no sabe de ella, son muchos años, ya debe estar casada y, muy seguramente, será una excelente esposa y madre. No cabe duda alguna, se está enloqueciendo. Baja con premura de aquel infierno rodante, pero el averno ya está en su cabeza, camina rápido primero; corre después, como para intentar dejar atrás esa imagen en uniforme colegial. Atraviesa el parque el Virrey, la carrera 15 y continua hacia el oriente en su desesperada evasión de los ayeres. Por fin, ya sin aliento y rendido ante la velocidad inmisericorde de su mente, se sienta en el pasto humedecido de esa mañana, quiere dejar de recordar, quiere que su maldita vida gris vuelva a ser como siempre, quiere criticar y ser huraño y amargado sin que le importe nada ni nadie, quiere cabalgar en la penumbra de su orgullo y abrazar su soledad, quiere y se da cuenta, que lo que más quiere…, es que ella aparezca.

lunes, 25 de febrero de 2013

TESTAMENTO DE UNA MENDIGA


TESTAMENTO DE UNA MENDIGA
Domingo Valdez Quiroz, Chepén, Perú









Como era ya una costumbre, la anciana EUSTAQUIA se recostó sobre sus mugrosos harapos y sucios cartones; su cuerpo despedía un olor a sobaco de puerco, sus uñas lucían largas y llenas de suciedad, sus cabellos parece que nunca habían conocido peine alguno en tanto, sus pies descansaban sobre un par de rotosas sandalias.
La vieja Eustaquia, se había apoderado del portón de la capilla de CATILLUC allí; solía estirar la mano pidiendo limosna a las gentes que entraban y salían de la casa de Dios.
Muchas veces, hasta se había perdido la cuenta, el padre NICASIO ARESTEGUI, solía compartir sus alimentos con la pobre mendiga … además, nunca faltaba alguien que se le ablandaba el corazón y le depositaba en su aceitoso pocillo alguna migaja o porción de comida.
La anciana, no podía mantenerse de pie ni siquiera un segundo; pues, una terrible enfermedad le había atacado a sus debiluchos huesos, por lo que solo vivía arrastrándose por el suelo como culebra… algunos lugareños, recuerdan que cuando EUSTAQUIA recién pisó este pueblo, todavía podía caminar aunque con mucha dificultad.
Las noches para la pobre anciana, eran inclementes y hasta peligrosas, porque aparte de soportar la intemperie y la terrible friolera, tenía que defender a punta de bastonazos su escasa ración de comida, para que no lo devoren los perros callejeros que solían deambular agrupados en cuadrillas.
Nadie tenía o daba referencias de la vida de la mugrosa anciana y cuando algunas gentes pasaban por su lado, se referían de ella a voz baja.
Del viento será su hija esta pobre vieja o quizás será hija del sol o quizás de la luna… el curita, había insistido tantas veces en preguntarle.
¿De qué lugar has venido hija del Señor?
¿Tienes algún familiar hermana mía?
¿Quiénes te han traído a este pueblo? ¿Por qué no contestas nada?
Ante estas preguntas, solamente se descolgaban algunas lágrimas de los ojos de la anciana… por eso, al franciscano no le quedó otra cosa que renunciar a su persistente interrogatorio.
Una helada mañana del mes de marzo, un gran alboroto se cernió en todo el poblado de CATILLUC, era “Domingo de Ramos” y cuando los creyentes fueron llegando a la capilla para escuchar el sermón de semana santa, se dieron con la sorpresa de que el cuerpo haraposo de la mendiga EUSTAQUIA estaba gélido e inmóvil, su cara lucía pálida, abierta estaba su boca y su piojosa cabellera descansaba sobre el codo de su brazo derecho y el tic – tac de su corazón, se había paralizado para siempre.
Sus pies estaban tiesos y helados, como los chungos del río LANCHI en eso…. el sonido de las centenarias bisagras del portón, anunciaron la presencia del curita del pueblo.
¡Buenos días hermanos! ¿Por qué tanto alboroto… Eh?
Diosito lindo ha recogido padrecito a esta pobre anciana respondieron en coro…. el religioso, apuró sus pasos y tocó el cuerpo mugriento de la anciana… luego de un breve silencio, elevó sus plegarias al cielo a fin que esta alma bendita sea recibida con agrado por el TAYTA CRISTO… seguidamente el religioso despojándose de su Rosario y se la colocó al cuello de la fallecida.
CONSTANZA QUISPE, era una ricachona muy caritativa del lugar… ella, se encargó de amortajar el cadáver de la pobre difunta, con algunos vestidos que ya no las utilizaba… en esas circunstancias, sus manos se toparon con unos papeles sucios y amarillentos en los harapos de la fallecida y la medida que sus ojos iban desnudando el secreto de sus escritos, sus incredulidad y su perplejidad iban aumentando como la espuma de leche.
Se trataba de un testamento de herencia que la mendiga EUSTAQUIA, dejaba a favor de la capilla de CATILLUC y su deseo era que el padre NICASIO construya una casa asilo para albergar a los niños, discapacitados y ancianos desprotegidos de todos estos lugares.
Al enterarse de todos estos acontecimientos, el religioso convocó a todas las gentes importantes de las comarcas aledañas, para ponerles al tanto de toditos los deseos de la mendiga.
A la hora del entierro, una gran multitud de lugareños acompaño al féretro de la anciana; asistieron chicos y grandes pobres y ricachones… hasta el mismito cielo lloró ese día por EUSTAQUIA, las faldas del apu “COSHPOY” se cubrieron de neblina en señal de duelo, la quebrada de LIRCAY enmudeció sus bramidos y los larguirucho eucaliptos y los frondosos capulies se mostraron reverentes ante el ataud de la difunta a su paso rumbo al cementerio.
Una de esas nubladas mañanas, las mano tosca de un desconocido toco la puerta del sacerdote.
Tun Tun Tun Tun… ¿Usted es el padre Nicasio?
- ¡Si hermano!... ¿Qué cosas te traen por aquí?
- Hace unos días, me enterado que la mendiga que diariamente estaba en la puerta de la capilla ya es fallecida.
- ¡Así es hermano de Dios!... dime, ¿Tú lo has conocido a esa pobre anciana?
- ¡Si padrecito! Ella es la que me crió desde que yo era muy wambra; sucede que cuando me comprometí con mi esposa, esta empezó a humillarla y despreciarla en todo momento… cierto día tomé la decisión de traerlo a este pueblo en donde lo abandoné a su desdichada suerte.
- ¿Me estás diciendo que esa anciana abandonada, es que te ha criao desde muy niño?
- ¡Si señor curita!... mi desalmada esposa ha sido la culpable de que yo la abandonará… pero el cielo ya me ha castigao lo suficiente padrecito; pues sus latigazos han sido muy fuertes y justicieros señor curita. Hace ya un año, mi mujer se ha marchao dicen que un ricachón de una comarca vecina; pero antes de viajar ha vendido todos nuestros terrenos y pertenencias… incluso, hasta nuestros guishas (ovejas) ahora ya tienen nuevo dueño, felizmente, todavía mis fuerzas no son ingratas conmigo; pero, que será de mí, cuando estas me abandonen y yo no tenga a nadies a quien acudir.
Tendrás que hacer mucha penitencia hombre desalmado, si quieres que el cielo te perdone, de lo contrario; serás achicharrado en el infierno por el patriarca del pecado junto a las demás almas condenadas.
Ante estas advertencias, el forastero dio media vuelta y con la mirada fijada al suelo, lentamente se fue perdiendo por la callecita angosta y empedrada del poblado, acusado por la voz del religioso y por la reprimenda constante de su conciencia.
De la muerte de EUSTAQUIA, han pasado ya varios años, hasta el curita NICASIO también ya es difunto… los deseos humanitarios de la mendiga, se han cumplido al pie de la letra… hoy en día, los ancianos y las personas desprotegidas ya tienen una vieja casona donde podrán pasar sin apuros, sus últimos años de vida, protegidos por la bendición omnipresente de la anciana EUSTAQUIA.
En esta casona, la solidaridad y el amor al prójimo es permanente y todos los que habitan en este lugar, siempre tienen algo que llevar a la boca y en los terrenos de este asilo las cosechas son una bendición… el desgrane de maíz, el secado de chuño (papa secada a baja temperatura) y los montones de mashuas y ollucos cada año, van en aumento.
A unas cuantas cuadras de la capilla, está ubicado el pequeño campo santo… allí existe, una sepultura en donde el prendido de velas, los ramos de flores y las oraciones y responsos son constantes… se acercan a nosotros un grupo de lugareños y nos dicen que esta es la tumba de la mendiga EUSTAQUIA y cuando preguntamos el porqué las gentes acuden diariamente a esta tumba, las respuestas surgen de inmediato.
La EUSTAQUITA, es muy milagrosa afirma una mujer de apariencia humilde… yo le rogué para que mis animalitos no sigan muriendo con la peste roja (carbunco), desde entonces; dejaron de morirse. Y en la actualidad mis corrales están abarrotaditos de guishas (ovejas) y hasta melliceras me han salió algunas de ellas.
A su turno, un hombre cincuentón, poniéndose de pie nos manifiesta: Mis tierras casi ya no producían nada; a veces, la cosecha no alcanzaba, ni para comer, hasta que un día  hice una misa a nuestra mamacha EUSTAQUIA desde entonces, mis graneros y payancas (tinajas) están llenitas de maíz y cebada y las moras y plenachos de mis linderos lucen tapaditos de chiuches y por-poros (fruta agridulce de las punas).
Seguidamente, una mujer que dice llamarse Rosalía nos confiesa:
Mi Wambrita Shulca (último hijo) siempre paraba enfermándose, parecía que taitita San Pedro ya me lo iba a quitar; pero, lo pasé una vela por todo su cuerpecito luego, vine a prenderlo a esta tumba de la EUSTAQUITA y los dolores de mi wambrita desaparecieron por completo.
Y así, casi todos los lugareños de CATILLUC, le deben algún milagrito a la mendiga EUSTAQUIA, por eso, es que ya le han pedio mediante un memorial al señor obispo, para que autorice que la fotografía de esta mendiga sea venerada en los altares de la capilla.
A paso lento, me voy alejando del camposanto y cada vez que dirijo la mirada hacia atrás, diviso que continúan llegando los lugareños con sus velas y cirios en las manos, esta veneración popular, se ha ido incrementando paulatinamente dado que su fama de milagrosa se va extendiendo por todas las comarcas y poblados de la zona.
Mientras los chalacos tiene a su Sarita Colonia, los huarasinos a su María Josepha y los Chinchanos a su beata Melchorita, los habitantes de CATILLUC tienen a su mendiga EUSTAQUIA como su santa protectora; incluso, están dispuestos a tocar las puertas si es posible hasta del mismo Papa, con el fin que esta anciana milagrosa sea velada en todas capillas de todos los poblados.
De Osias Lingán, (hijastro de EUSTAQUIA) sabemos que tuvo un triste y macabro final… quienes la conocieron de cerca nos han contado, que cuando las fuerzas lo abandonaron y la vejez le cayó encima terminó compartiendo los desperdicios con los cerdos en unos basurales de la zona… cierto día, unos lugareños que pasaban por allí fueron alertados por los olores malolientes que provenían de estos basurales; sigilosamente fueron acercándose y sus ojos se toparon con una bandada de buitres y shingos (gallinazos), justo en el momento en que se disputaban las últimas carroñas del pestilente cuerpo de OSIAS, con una jauría de perros vagabundos y salvajes.
Así, terminó la vida de este desalmado hombre, que cometió una acción tremendamente inhumana y malévola en contra de la pobre anciana EUSTAQUIA, al abandonarla a su suerte en un poblado desconocido.
Por eso, los tribunales divinos sentenciaron a OSIAS LINGAN, de una manera cruel, frutal, implacable, horrorosa e inarrenable… es que, los magistrados celestiales, jamás otorgan amnistía o impunidad alguna a las gentes perversas y malvadas, que suelen desafiar y desatacar intrusamente al decálogo salvítico de Taita Cristito.