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lunes, 9 de septiembre de 2013

ROSA Y LEÓN DESPERTARES


ROSA Y LEÓN DESPERTARES


Me estoy volviendo loco. Resulta que estoy en la biblioteca de una casa muy antigua de mi ciudad, donde vivieron una pareja de ancianos que se encargaban de limpiar todos los días, una esculturilla de un caballo que se encuentra en un parque muy cerca de la casa. Al decir que se encargaban me quedo corto, porque esto no era un trabajo ni mucho menos para ellos. Inexplicablemente para mi entender, esto se trataba de una misión sublime y trascendente sin comparación alguna que justificaba la vida misma para estos dos personajes: Rosa y León Despertares.
Suelo ir a ese parque frecuentemente. Una noche en las que estaba ahí, me llamó la atención la pareja de ancianos que estaban limpiando la estatua; las veces que los había visto también era haciendo lo que hacían en ese momento. Lo extraño y fascinante es que no recuerdo haber estado en ese parque sin verlos cerca del caballo; ellos ya eran parte y fundamento esencial de ese lugar. La luna resplandecía en el cielo, me acerqué a la pareja; sin mirarlos a los ojos esto es lo primero que les dije.
- Felicitaciones, el caballo se ve bien-: Nunca había visto algo comparado a la reacción que tuvieron aquéllos personajes, la señora Rosa
Abrió esos ojos miel, tan mieles que yo digo: esto es tan miel como los ojos de la señora Rosa. Después de mirarme con una expresión descomunal de sorpresa, miró a su amado señor diciéndole.
- ¡Escuchó papito!-. -¡Sí mamita!-: Le respondió don León con una voz gruesa y ronca; se dieron un abraso tremendo, tan sentido que yo me estremecí profundamente, estaban tan alegres que no había necesidad de hablar o preguntar para darse cuenta. Inmediatamente pensé. ¿Pero qué les dije? Sin darme cuenta, los dos viejitos estaban cerca de mí, ofreciéndome una sonrisa. El resto de la noche la pasamos en la casa de Rosa y León Despertares: hablando sobre el pasado, el amor y la vida. No hablamos nada sobre el tema del caballo.

Después de esa noche, ésta es la segunda vez que vengo a la casa de los Despertares; ayer pasé por el parque como solía hacerlo frecuentemente, -ya no como antes-, por pasar y nada más, ahora era por saludar a la pareja. No se encontraban allí esos dos viejitos, que con esmero cuidaban de ese caballo de piedra oscura, de mirada triste y presencia melancólica. Me sorprendí muchísimo al no encontrar la pareja en un momento del día en el que siempre estaban. Me dirigí a la casa con el motivo de averiguar qué era lo que les había pasado. Cuando llegué, la puerta estaba abierta, paré un momento en la entrada timbrando unas cuantas veces sin recibir contestación.
Entré, dirigiéndome rumbo al segundo piso; atravesando un pasillito que llaman el “hall” e inmediatamente después, unas escaleras que dan la curva hacia la izquierda. Al subir por las escaleras despacio y sin hacer ruido, vi una aglomeración de señores todos viejitos, unos hombres y otras mujeres, vestidos de negro y en profundo silencio. Casi me muero. Guardé silencio, sin darme cuenta una de las hermosas señoras de cabellera plateada, rostro gastado y ojos profundos, puso su mano en mi hombro halándome hacia un sitio de la sala donde se encontraba una silla apartada de todas las demás; involuntariamente me senté.
Donde me encontraba sentado, veía a mi izquierda a un espacio considerable, al grupo de viejitos que vi al entrar; al frente mío había más hombres y mujeres sentados con el rostro pétreo. A mi derecha veía el pasillo, un largo pasillo en el cual dos cuartos se encontraban de frente. Observé de nuevo para encontrar a quién le podía preguntar por los señores Despertares. Me dirigí sin inmutarme hasta donde la señora que me había recibido; cuando iba en camino, ella me miró. Al ver que yo estaba a punto de hablarle, levantó muy suavemente su mano colocando su dedo índice en el medio de sus labios.
Ya era suficiente, así que me dirigí hacia la salida con toda la intención de marcharme de ese lugar tan desquiciado; al dar los dos primeros pasos rumbo a mi liberación, una de las puertas de los cuartos del pasillo se abrió. Yo quedé expuesto por ser el único personaje que estaba parado, miré de reojo y observé que dos personas salieron del cuarto. Al principio no los distinguí, en seguida descubrí que se trataba de don León y doña Rosa; ¡que alegría! Porque debo confesar que en ese momento, después de ver a todos esos viejitos, pensé que esto era un velorio y que los señores Despertares se habían muerto; lo que pasó después confirmo el pálpito.
Los ancianos me hicieron un gesto para que me acercara. Cuando entré a la biblioteca, don León se sentó junto a doña Rosa, esperaron a que yo hiciera lo mismo. El que habló fue don León.
- Todas las personas que has visto hoy en la casa, ya estamos muertos. Cuando éramos más jóvenes tuvimos que salir de nuestras casas porque los militares nos iban a matar. Recorrimos las montañas llegando a la ciudad después de mucho tiempo. Lo único que trajimos del antiguo hogar, fue el caballo al que llamamos “pálido”. Él nos salvo la vida. Cuando murió, con su cuerpo hicimos la escultura que está en el parque. Ahora hijo, te lo recomendamos.

Al terminar, doña Rosa se levantó de la silla acercándose a mí; me paré, nos dimos un fuerte y sentido abrazo. Salí solo de la biblioteca, sin entender lo que pasaba, cuando llegué a la sala, ya no había nadie; revisé toda la casa con el mismo resultado, tiempo después regresé a la biblioteca. Han pasado muchas horas desde que vi a los ancianos despertares, ahora me encuentro acá solo escribiendo con la intención de convertir en real lo que he vivido. Voy a dejar de escribir para ir al parque; ahora estoy tranquilo. Estaré al lado del caballo, seguramente tendremos mucho sobre qué hablar.


Jorge Alfonso Manrique Varela, Bogotá, Colombia

domingo, 1 de septiembre de 2013

PRIMERO EL CAMPO, DESPUÉS USTED

HISTERIA DE KAUIL
SEMPER  SIMUL  SEMPER CARMINA, CATA





PRIMERO EL CAMPO, DESPUÉS USTED

POR: JAVIER BARRERA LUGO

“Es deber del Estado promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra de los trabajadores agrarios, en forma individual o asociativa, y a los servicios de educación, salud, vivienda, seguridad social, recreación, crédito, comunicaciones, comercialización de los productos, asistencia técnica y empresarial, con el fin de mejorar el ingreso y calidad de vida de los campesinos”.
ARTICULO 64, CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA



En el campo colombiano se han gestado históricamente los cambios que el país ha necesitado. Campesinos eran los comuneros que sembraron semillas (no certificadas) de emancipación liderados por José Antonio Galán, del campo salieron miles de jóvenes a defender lo que los “doctorcitos” ilustrados de Bogotá, negociaron en contra de los ciudadanos con la casa real de España, La Independencia. Del campo caminaron hacia la muerte por un sueño común los hombres y mujeres que ofrendaron su vida en la Campaña Libertadora dirigida por el General Bolívar. Del campo son los seres que permiten que cada día haya un plato de comida en su hogar. Del campo son nuestros abuelos, nuestros padres, del campo son las raíces de cada uno de nosotros. Del campo son los individuos que han pagado el precio más alto en el sin número de guerras estúpidas que desangran este país. Del campo es la gente que hoy defiende los derechos y estabilidad de una comunidad nacional que duerme en un precario estado de confort frente a las malas decisiones de sus dirigentes.
Colombia, sus pobladores, les debemos mucho a nuestros campesinos. Años de olvido, apatía general y gobiernos de pacotilla le endilgan al sector rural la miseria que humilla. ¿Cuántas veces se emplea la palabra “campesino” para denigrar a otro, para denunciar torpeza? ¿Por qué se dejan para el final las soluciones a las necesidades de estos ciudadanos? ¿Acaso vale más la gente de la ciudad, sus excentricidades y problemas que los agricultores? ¿Son mejores nuestros hijos que los de ellos? ¿Merecen un sustento menor? Preguntas que no se resuelven con golpes de pecho y maniqueos pronunciamientos de apoyo. No. El respaldo a ellos debe ser solidaridad de cuerpo, de nación, de hermanos.
Ante las exigencias casi mafiosas de la dirigencia de los Estados Unidos y la Unión Europea, que no ven los TLC firmados con Colombia, como acuerdos de libre comercio sino como mecanismos de colocación de excedentes de producción agrícola (sobrados, para ser precisos), el precio, como siempre, lo comenzaron a pagar nuestros campesinos. Los subsidios que brindan las potencias a su producción agropecuaria hacen que la comercialización de alimentos propios sea un suicidio económico para el gestor local. Una tonelada de maíz importado desde Estados Unidos, llega con una diferencia de precio de casi 70% menos, eso a algunos les parece bien, supuestamente fomenta el consumo, pero si algo tienen claro los técnicos es que la economía es una cadena con muchos intervinientes, con millones de dolientes y bocas que reclaman algo de los beneficios que por obra y gracia de intereses particulares desaparecen como opción. ¿Si no vende el productor nacional a quién le puede comprar, a quién le puede dar trabajo? Simple matemática de escuela primaria.
Usted, que vive en la ciudad cree que los problemas del campo no lo afectan salvo en el abastecimiento de su nevera. No se sienta tan confiado.  Esto que vivimos es sólo la prueba piloto de lo que viene. Nuestra normatividad se está ajustando a la de Estados Unidos y la Unión Europea. Lo que en nuestras leyes es derecho, principio fundamental, en la de ellos es fuente, uso, objeto, algo palpable y hasta de propiedad individual. Según esa concepción tendremos que pagar patentes y derechos sobre cosas que en nuestros ámbitos son de interés general. Los medicamentos genéricos desaparecerán y tendrá que comprar medicinas al precio que se le dé la gana cobrar al productor extranjero. Las plantas, las quebradas, los conocimientos de sus ancestros perderán características de saber y colectividad para volverse mercancía que cualquier compañía extranjera con el suficiente dinero y apoyo de nuestras laxas autoridades logrará apropiar y vender. La industria nacional, las confecciones de Medellín, el bordado de Cartago, los zapatos del Restrepo y Bucaramanga, los libros de texto de sus hijos, las mermeladas de guayaba, las panelas de Villeta, los tamales tolimenses, los hará un gringo de Michigan o un chino de Guangzhou que gana un sueldo de hambre y usted si tiene suerte, los podrá adquirir en algún hipermercado de propiedad francesa. Para allá vamos, allá estamos, hasta los sombreros “vueltiaos” los producen ya en China.
Exportaremos algo, hay que salvar las apariencias, eso es claro, pero qué y cuánto, esa es la cuestión. La importación de productos no crea suficientes puestos de trabajo, su papel es de intermediación no de producción. En un par de años el trabajo será más escaso, un privilegio mal remunerado (ya lo hemos padecido sin TLC), usted tendrá que pagar seguridad social completa, conseguir tres trabajos los siete días de la semana para poder comprar la basura (muebles, enseres, servicios) que le prometieron como panacea los políticos antes de firmar los adefesios de acuerdos comerciales que empezamos a padecer. Las clínicas estarán vacías porque sólo un grupo privilegiado podrá acceder al derecho a la salud, los viejos trabajarán y pedirán limosna porque las pensiones no serán suficientes para su sustento, será un milagro que sus hijos asistan a una universidad que les garantice algo de calidad en la educación, el que quiera algo bueno tendrá que pagar mucho para obtenerlo, endeudarse con los bancos a perpetuidad será la única alternativa de sobrevivencia. Ese es nuestro panorama si seguimos ciegos las recetas de quienes ven esta comarca como un potrerito lleno de consumidores potenciales o mano de obra barata y sin cerebro.
Cada peso que compre de la producción exterior será un peso que saque de su propio bolsillo en el futuro inmediato. No es una sentencia sin apoyo, un peso entregado a lo importado es un peso en contra de la industria nacional (pequeña y mediana empresa, la que más empleos provee), de su vecino que hace buenos zapatos, del obrero, de su primo que trabaja de sol a sol para mantener su panadería, de los empleados de las fábricas, del “veci” que tiene un pequeño mercado de frutas, del campesino del Caquetá que hace quesillos, de su puesto de trabajo, de la salud, educación y dignidad que sus hijos merecen. Somos ciudadanos no clientes, tenemos derechos que no respetan quienes se sienten dueños de este país. Condenan a varias generaciones buscando lucro personal y nos venden el concepto de prosperidad, disfrazan la pobreza e iniquidad con lindos anuncios publicitarios.
La empresa nacional, los pequeños y medianos emprendedores tienen el reto de renovar activos de producción y conocimiento, adaptarse a esta avalancha de codicia, luchar con ahínco, están acostumbrados, el gobierno penaliza el trabajo honrado. El colombiano común debe comprar colombiano, exigir calidad, ser firme. Teniendo una despensa comprobada no podemos caer en el engaño de sacrificar la seguridad alimentaria de la nación por simples embelecos de unos piratas comerciales que deciden el futuro de millones desde sus amplias oficinas en Nueva York. La idea es salvar al país y sus habitantes, ejercer el derecho de acoger alternativas, no de aceptar imposiciones. Uno no le paga al padrastro de sus hijos para que los maltrate.
Está en juego la soberanía y dignidad de cada uno de nosotros. Esta reflexión carece  de matices políticos o intereses creados, la lógica nunca pelea con los hechos y estos son evidentes. Apoyo el paro campesino, su ejemplo, su pundonor. La violencia no es camino, el saqueo no se justifica, tampoco el desperdicio, eso deslegitima la justa protesta. Hay que seguir luchando el valor de las ideas, abstenerse de dañarnos, respetar. Las mayorías estamos con el agro, con nuestros hermanos. Si ellos ganan, ganamos todos, están exigiendo lo justo, como siempre abanderan la protección de la dignidad Colombiana. Permitir que algo malo les pase es firmar nuestra sentencia de fracaso. Ojalá, lo digo de corazón, todo lo malo que creo que pasará, no pase.
PD: Desde el congreso y la Casa de Nariño, desde sus fincas y fortalezas, los ex presidentes y candidatos se suben al bus del apoyo a los campesinos, ya casi son las elecciones, es por eso el repentino interés. Les pregunto: ¿No es el congreso el que ratificó la firma de los TLC? ¿No fue el gobierno anterior quien negoció los TLC? ¿No fue el actual presidente, miembro estrella del gobierno anterior, quien firmó los TLC? ¿No fue el actual presidente quien defendió en un libro junto a Blair, el nefasto ex primer ministro del Reino Unido, las maravillas del libre comercio justo y no practicado en la realidad? ¿Ejercicios de hipocresía los golpes de pecho de la dirigencia? No sé ustedes, pero yo revisaría con lupa por quién votar el año entrante. Ahí está tácito nuestro poder de cambiar las cosas.




Si esta columna le genera algún comentario puede escribirme al correo: baluja74@hotmail.com o deje  un comentario en nuestro blog idiota Inútil.

lunes, 26 de agosto de 2013

EL CORAZÓN DE LA TIERRA

EL CORAZÓN DE LA TIERRA

Por: Fernando Vanegas Moreno


 ¿Que qué es ser minero?, pues yo no sé, minero es el dueño de las minas, nosotros somos simplemente socavoneros, topos…., peones. La vida aquí empieza temprano; conozco papás, hijos, nietos, todos, toditos enclavados en estas montañas…, ya no me acuerdo cuanto tiempo llevo aquí, ni cuantos años tengo, la tierra se me ha tragado la existencia. Es difícil, pero a la vez es hermoso, tal vez lo digo por qué no sé hacer nada más, porque no conozco nada más. A las cinco de la mañana se ingresa con la noche en la espalda, y como a las cuatro de la tarde vemos por primera vez la madrugada de estas tardes.
Se golpea, se amontona, se recoge y se encarreta pa´fuera…, esa es la vida del carbón, y, tal vez nuestra propia vida…, nos golpeamos, nos amontonamos y con los años nos encarretan pa´la tumba…, irónico y jodido: el carbón sale de las entrañas de la tierra, nosotros volvemos a esa misma madre. Mi nombre es José Galviz, pa´servirle a usted y a cuanto viviente se pueda, nací (no me acuerdo hace cuanto tiempo), en Tausa, región hermosa, verde y prospera pa´ los que tienen plata; junto con Sutatausa, Capellanía y Ubate, forman el corazón del carbón en Cundinamarca…, se me pasó la vida entre socavones, picos y escoria, no me arrepiento, con eso salieron adelante y comieron seis hijos…, yo no tuve estudio, pa´que, nunca me gusto…, los hijos si son algo letrados; todos terminaron su primaria, los mayores se dedican al transporte (también del carbón), tienen sus hogares y me han dado seis nietos, las menores (por que son mujeres), están en Ubate y Bogotá, trabajando en fabricas de lácteos y otras vainas, de ellas si no espero nada, las mujeres sufren más que los hombres y cuando la ruana nace terciada…, pues ni hablar.
Pero le decía: la tierra es demandante, si usted deja de explotarla con forma, con entusiasmo, con…, como decirlo, con cariño, la tierrita se revela y no desaprovecha oportunidad pa´desquitarse, pregúntele a Egidio, ese cojo que ve allá, se emborracho todo un fin de semana y cuando empezaba el lunes la tarea,  se desapuntalo el túnel y se le vino encima, a él y a nueve más…, él la sacó barata, solo magulladuras en las piernas, los otros si ya están gravemente muertos, jajajaaja. No crea que soy indolente o irrespetuoso con la parca, es que de tanto verla y convivir con ella, ya hasta amigos semos. Si no es el grisu (un gas que no huele y lo va adormilando a uno hasta dejarlo inconsciente), es el hollín que se cuela en los pulmones y lo acorta poco a poco en sus añitos, las hernias y el dolor de las articulaciones, los problemas en los ojos y las infecciones respiratorias, todo eso, son las formas y los castigos que a diario vemos y a lo que nos enfrentamos; por eso le digo, la muerte ya es nuestra amiga.
Me gano 20 mil pesos diarios, siete días a la semana, aunque soy honesto, muchos fines de semana no trabajamos, y es que en este trabajo y en estas tierras, el sábado es el día sagrado de santa Pola…, jajajaja, es decir, hay que ir a tomar cerveza y jugar tejo…, ¿Cómo más nos divertiríamos por estos lares?. Algunos dirán que es injusto…, injusto es no tener que hacer. Uno debe vivir la vida que le toca, y a mí me toco esta, no me arrepiento de nada.
Hace poco vino un doctor de esos de Bogotá…, que esto es una injusticia, una inequidad creo que dijo y que la dotación y que la salud y que la ARP y no sé que más vainas, se fue lanza en ristre contra don Pedro el dueño de la mina y le dijo que era un ilegal, un explotador…, un cochino. Esos doctorcitos de mierda…, vienen una vez cada veinte años o cuando hay elecciones y ya creen que tienen todas las respuestas…, dijo que nos iba a cerrar y la gran alternativa que nos dio fue la labranza…, a mi me perdonan, soy campesino y me crie entre el maíz y las sementeras, pero pa´los que no tenemos ni un puñado de tierra, volver al azadón significa jornaliar, y un jornal en estos pueblos solo paga 10 mil pesos el día, y eso si el precio en Bogotá esta bueno, de lo contrario pues, a la perdida.
Cuando uno es niño, y entra por primera vez a un túnel, da arto miedo, uno se ahoga, no se acostumbra a la oscuridad, a la humedad, al olor agrio de los topos más viejos…, y es que con el tiempo, uno empieza a oler a mina, o sea a moho, a ruin…, a mierda. Yo empecé como a los doce, mi papá también era un peón y como a mí no me gusto el estudio, pues aquí vine a parar; ya con mi primer plata y sin obligaciones, pues vinieron las viejas, las polas y me quede, ser libre a los doce era un amanecer de noche y cuando uno le coge gusto a la plata pues hasta y fueron peras, jajajaja.
Hoy la charla estuvo buena, tal vez porque usted no es arrogante…, hace unos meses vino un monito de la televisión a hacer lo mismo que usted…, bueno, digo el santo no el milagro, ese señor dizque es boyaco y venía con todo listo, cámaras, carros, luces y cuanta vaina se imagine…, usted, sumerce, solo vino a conocer ¿verdad? Y pues bueno, se topo conmigo y preguntar nunca ha sido malo ¿cierto?
Yo a usted le corono una cerveza, no la merecemos, además ya estoy seco de tanto hablar y usted debe estar seco de tanto oír, jajajaja, si…, esta es la vida en el hueco…, vivimos, no existimos, todo nos llega tarde, hasta los años…, mi vieja, mi esposa se ve mucho más joven que yo, pero yo tengo más salud…, hace poco le descubrieron azúcar en la sangre y esta achacada la cucha, bueno hay vamos, los hijos han estado muy pendientes…, Dios dirá.
José voltea la cara hacia otro lado, no quiere mostrar esa lágrima que asoma. Para estos hombres es malo ser débil, para estos débiles, es imprescindible ser hombres, lo son desde que llegan a esta tierra, desde que amamantan sus sueños, desde que caminar se vuelve herramienta. Se despide escupiendo el último trago de la cerveza que me “coronara”; su mano callosa, es fuerte y brusca, casi parte la mía: Hay mijo, algún día vuelva, que el cuento no termina aquí, el cuento solo comienza, la tierrita tiene muchas historias…, las historias del corazón de la tierra.





En Tausa hace unos años….