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lunes, 27 de agosto de 2012

EL PROBLEMA

EL PROBLEMA

Inédito


El problema ya no era navegar por tu silencio de doble filo. El  verdadero problema es que ahora necesitaría novecientos doce ocasos, y atravesar el atlántico en cometa, y dibujar el horizonte Ártico de la aurora boreal; y aventurarme en una caravana de camellos por el África, y asistir en el parto a tres ballenas ex convictas y resistir los tifones de  la china atrapado en alguna telaraña; y conducir una manada de asnas y de mulas hasta cierta pradera azul; y helarme y empaparme de brandy en los corredores de Siberia, y rodar, embriagado, por las cumbres de los Cárpatos, y dormir cientos de noches a campo abierto; y cortarme el pelo, y cambiar de religión, para poder olvidar...,que antes estabas aquí.

BARRO




BARRO

Fernando Soto Aparicio


pequeño Dios de tierra, el alfarero
crea mundos con la magia de su mano.
Dios de barro y trabajo cotidiano
y de las alboradas compañero.

Forma iglesias, tinajas, y un cercano
pueblo de fiesta en la mitad de enero.
Y es su sudor más tibio y llevadero
y su dolor de vida más lejano.

Así has tomado el barro de mis años
amasado de rabia y desengaños
para darme la forma verdadera

Por ese amor gozado y compartido
me salvarás del fondo del olvido
y serás mi memoria cuando muera.

jueves, 9 de agosto de 2012

TEORÍA DE DULCINEA...


TEORÍA DE DULCINEA
(JUAN JOSÉ ARREOLA)

En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta.

Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de patrañas, embustes y despropósitos.

En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.

El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía en frente, se echó en pos a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas al aire. Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca.

Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.

JUAN JOSÉ ARREOLA: Orfebre, comediante y mago de la palabra es este autodidacta mexicano, amante del lenguaje por sobre todas las cosas y quien venera a quienes mediante la palabra han manifestado su espíritu, desde los cuatro evangelistas hasta Kafka.

Arreola, al igual que su amigo Rulfo, escribió una obra breve, pero contundente, entre las que se encuentran: Confabulario personal, La feria, cuentos fantásticos y varia invención