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martes, 11 de febrero de 2020


AVENIDA 19
Poema de Javier Barrera Lugo


La oscuridad del universo, sus perversiones a sueldo y huérfanas de ambición, rondan la atmósfera de esta avenida emblemática para una ciudad que se hunde en la ruindad de su indiferencia.

       Siempre extremos: en una orilla, ruido incesante que hace perceptible la soledad de los seres que la habitan, la caminan y la padecen. Del otro lado, silencios afilados por los que serpentean frases agitadas de quienes asesinan esperanzas propias y ajenas mientras encienden la cerilla con la que queman la punta de un cigarrillo o el cuerpo de algún desgraciado al que se le despojó  la condición de “alguien,” para mutar hacia la categoría de “algo,” por ejemplo, un puñado de cenizas como pago a una deuda impagable.

       En esta avenida las masas reclaman cualquier derecho establecido o por crear; y con la misma falta de conciencia eligen a los  verdugos que aplacarán con garrotes el monótono suplicar de sus bocas llenas de babaza. Gente absurda disfrazada de genio, de prostituta, de adicto a cualquier sustancia o ser, de anciano, de vendedor de dulces, de ejecutivo o estudiante.

       Vocifera la libertad de destrucción y creación sin vida dentro de esta celda de un par de kilómetros; gente que se rehabilita de algún karma o se hunde en lo profundo de sus compulsiones. Tan cercanos el renacer y la muerte que no es más que un recordatorio de la dualidad con la cual el cosmos maquilla su sentido perverso.
       Poemas putos, como este, para putos y putas, desde la avenida de las putas y los pirobos: la avenida 19.

      

lunes, 14 de octubre de 2019

8 AÑOS




8 AÑOS YA

Cata, siempre alegría, una lágrima permanente, pero no de dolor sino de nostalgia.


Por: Javier Barrera Lugo

Todos los cambios, el dolor, las exigencias y obligaciones de la vida que llevan la

belleza al desplome

ocurren en octubre, el mes feo,  lluvias de ácido degradando lo poco

de color que pudimos acopiar mientras crecíamos.

Octubre,  la diástole en que lo amado, lo único que creemos seguro,

 se esfuma. 


          ¡Soledad que amputa las piernas!




        El mes hermoso es mayo.


 Las mismas lluvias con dulce propósito... Tibias en su intención, riegan las

 baldosas del calabozo donde nos encerramos necios. 

Las novias encuentran el alba y reclaman su pedazo de magia,

limpian sus alas azules, persisten; desnudas, llenan de fe un planeta   que 

muchas veces se queda vacío 

y transforman sus sueños en comunes obsesiones, vientre, saliva, el sabor del 

mar que la lengua ansiosa entre la carne amada comparte en un beso...



8 octubres transcurren desgarrando lo verde,

    brindando tristeza y su muerte implícita;

pero 8 mayos también le han tatuado mística a la noche,

me  llevaron a escribirte, a poseer las aguas escasas

del paraíso que nunca saldrá de mi alma,

tan tuya en el fragor de la música y el amor perseverante.


Semper simul, semper carmina, Cata de mi alma...
















domingo, 1 de septiembre de 2019

EXFOLIACIÓN


EXFOLIACIÓN
Javier Barrera Lugo


19/03/2036   -  08:00 p.m.
Calurosa noche que se perpetua en las venas de estos tiempos anárquicos y en nuestros corazones de niños descarriados. En la soledad de esta oficina donde testifico un pavoroso espectáculo de tinieblas, evoco cada palabra y acorde de la canción We Didn't Start the Fire, que Billy Joel canta aletargado dentro de una casa suburbana hecha de cartón que fue levantada en un estudio de California, y asumo, debió ser tragada por el tiempo y el miedo a hundirse con sus recuerdos de estrellas cinematográficas y promesas fugaces de la actuación, en un mar de silencios.  La única conclusión que llega a mi cabeza cansada de tanto ver y callar por comodidad es que, sin quererlo, fuimos los hombres, no los dioses o sus demonios asociados, quienes propiciamos el apocalipsis, quienes iniciamos el fuego.
       Púrpuras nubes cubren el transcurrir de una especie bípeda que duerme tristezas metiéndose entre el flujo de veloces carriles llenos de información absurda que les avejenta el rostro. Cielos que, gracias a fosfatos y gases, a combustibles fósiles y metano proveniente de las heces de millones de vacas, se muestran llenos de fuego y donde la lluvia, que desde el inicio de los tiempos multiplicó la vida, ahora cae como un ungüento exfoliante para los suelos ya estériles por los sulfuros que la colman.
       La tierra, hasta hace veinte años productora generosa de alimentos, el fondo marino donde la existencia parecía ser eterna, se volvieron eriales en los cuales las huellas de la muerte dejaron de ser amenazas para transformarse en realidades. El hambre, la más dura de las consecuencias del cambio ambiental, golpeó las puertas de hogares en cada continente, país y vecindario. El pedazo de pan que antes se desechaba es ahora valiosa posesión defendida con la vida.
       La avaricia de unos pocos, la falta de carácter de la mayoría, que nos dejamos imponer demenciales políticas de explotación de recursos sin siquiera chistar, nos tienen donde estamos. Cambiamos el aprovechamiento racional de lo que los suelos nos dieron por el placer de disfrutar de juguetes que nos ataron a sus caprichos: teléfonos que resultaron más “inteligentes” y contaminantes que nuestros escrúpulos, autos que triplicaron el número de hombres que habitamos el planeta, toneladas de alimentos procesados para saciar ansiedades y no hambre, vestidos desechables que encubrieron pobres autoestimas, implantes mamarios estallados entre cuerpos sin mente, fábricas y chimeneas que infestan los países del tercer mundo elaborando basura que hoy no podemos comer… ¡Maldita necedad!
       Sea como sea, no es tiempo de lágrimas. Hoy 19 de marzo de 2036, la humanidad cruzó la delgada línea que puede determinar el renacimiento casi heroico de una especie o su extinción. Esa es la decisión que se nos planteó como grupo y como individuos. Hoy 19 de marzo de 2036, el sistema vital gritó "basta," y aceleró su proceso de muerte. La biósfera se reveló contra el abuso sacudiéndose unos parásitos y sus desenfrenos con crueldad, temblando, cauterizando, ahogando, negándose a producir bienestar. Ese fue el premio para la sorda humanidad.
       Las calles plagadas de tragedia se llenan de dolor y desgobierno; la ley del más fuerte fue cambiada de facto por las reglas del desalmado, del antisocial, del sicópata… Los hombres conscientes piensan soluciones, los malos actúan, los omisos callan y su silencio no es sino renuncia disfrazada.  
      Me niego a caer en apatía. He decidido luchar por preservar mi alma, por proteger a la mayor cantidad de gente que juré defender cuando fui nombrado su soldado. Me confieso defensor acérrimo de la negación del azar como camino y propongo a quien quiera sumarse a apostar por la construcción de nuestro propio destino así este no tenga mayores posibilidades. Llegamos hasta esta noche de cielos rojos y caos por dudar, por dejar que otros decidieran… Soy soldado para iniciar una ruta, para guiar, no para recaer en un error que nos condene al extravío que nos hundirá como especie. Tengo que luchar, no hay opción…





19/03/2036   -  04:00 a.m.
        Con o sin razón, fuimos siempre criticados por muchas personas durante siglos; asesinos a sueldo nos llamaron de manera despectiva a los combatientes desde que tengo memoria. En esta madrugada, cuando el estado dejó de serlo, somos los soldados quienes guiamos a los que vuelven a honrarnos con su confianza.   Tras los acontecimientos que afloraron anoche fuimos nosotros, no aquellos que se adueñaron del mundo, financistas, políticos, criminales y omisos, los que le pusimos el pecho a la brisa, 
       Después de la lógica zozobra, nos unimos para coordinar acciones urgentes, dividimos responsabilidades y reiteramos que lo que imperaría en esta misión de resultado incierto, sería el liderazgo, no el caudillismo inútil. Militares y policías evitarían a toda costa saqueos, la especulación de agua y alimento, delitos paridos en las escaseces. Los funcionarios del sector salud honrarían sus juramentos, los encargados de la sanidad enterrarían a los muertos, despejarían calles para que la logística de esta emergencia pudiera fluir.
       Todos y cada uno tenemos una misión, el propósito de salvar vidas de personas como nosotros, seres con sueños simples y comunes. La lucha es válida….



22/04/2041   -  11:00 a.m.
       Hace cinco años los ciudadanos de esta ciudad, de este país, de este planeta ya no tan azul, decidimos tomar medidas en contra de la muerte. Muchos no sobrevivieron, pero quienes logramos negar la extinción lo hicimos gracias al despertar de la consciencia, a la valentía de renunciar a los apegos propios en defensa del bien común. Yo como soldado público sin nombre estuve ahí, peleándole vidas al conformismo, honrando mi compromiso, curando almas, viendo la tierra germinar una vez más. Fue una utopía creciendo a rabiar, engalanando el concepto de comunidad, de bien común, de propósitos comunes, de humanidad.
       Los dueños del mundo se escondieron en cavernas porque no era viable para su sentido ególatra asumir responsabilidades tras el holocausto. Pero no fue por mucho tiempo. Una vez las cosas que logramos como tribu se hicieron fuertes, estos personajes salieron de las sombras y engatusaron nuevamente a ese pueblo ávido por comprar sus burdas mentiras. Disfrazando su avaricia, abrieron de nuevo fábricas, inventaron artefactos para distraer ojos curiosos y vigilantes, se tomaron los medios, la vida de la gente asegurándoles que el placer de los sentidos era lo que necesitaban para olvidar la tragedia más grande de la historia…. Lo paradójico fue que la mayoría volvió a caer en la trampa. Los hombres somos los únicos animales que nos golpeamos dos veces contra la misma piedra…
       Mi espíritu está intacto, lleno de cicatrices secas. Cada recuerdo es la confirmación de lo hermosos y patéticos que podemos ser los hombres cuando nos lo proponemos. Ahora que soy viejo, después de ver, padecer y disfrutar todo lo que pasó, me siento orgulloso de haber sido un soldado, no un sirviente; de haber servido, y no servirme de nada o de nadie… Unos cielos púrpuras plagados de muerte me recordaron lo vivo que siempre he estado.