Páginas

domingo, 9 de diciembre de 2018

TESTAMENTO


TESTAMENTO



Por: Javier Barrera Lugo
Ayer      los mares anegaron recuerdos que la enfermedad intentó desaparecer
Nieblas    espacios de desnudez que nos involucraron     piedras en las palmas de las manos dispuestas a herir      veneno para el olfato despistado      cuchicheos hechos fuego al amanecer cuando nos deshicimos los cuerpos en la posesión última antes de renunciar a soñar          mientras solicitábamos ingreso al imperio de los vampiros        La vida en silencio cuando todos hablan de nuestra cobardía

Caminamos rutas pavimentadas con alquitrán
Dimos cara a la muerte y ella  nos sonrió como diciéndonos: “les doy ventaja maricas       ¡Corran!”
Y nosotros pegados al cigarrillo le hicimos una venia
Para que nos mordiera          y la muy puta se negó porque se acababa de lavar los dientes.


Ni muertos ni vivos nos arropa la felicidad       pequeña niña sin ojos
Acostumbrados estamos a hablar sobre lo que pudo ser y jamás será
Grande es     muy grande     el limbo para los nautas acostumbrados a odiar las rutas plagadas de naufragios
Soledades que marchitan las ganas de escribir historias
                                       O leer las estrellas en el iris desconocido de un tirano

Los héroes fornican con su tartamudez
            Mientras son espiados por una multitud ansiosa de perfección
                                           Eso les da confianza
Canallada es el premio que otorgan a los sumisos por su idolatría
A las imágenes, a los bultos, a la socarrona idea de superioridad
           Que camina a nuestro lado con sutileza de mariposa.

Terrible castigo el silencio, más aún si fue el amor quien precedió
Los escarceos entre lo erótico y la costumbre de ser individuo;
La resaca entre estos eventos se nombra desencanto, se masculla como pérdida,
Se atesora como un hilillo de agua dulce cuando se está a la deriva                                                        En el océano

Mil besos para ti         que empiezas a ser anécdota,
Mucha suerte me deseo ahora que añorar es un acto  subversivo
La fina línea que separa lo debido de lo conveniente         luz de  penumbra
Este acto de confesión vergonzante que es el testamento para mi vida.






domingo, 28 de octubre de 2018

LOS HUESOS DEL BOSQUE

Octubre, mes de brujas, de miedo..., de espanto




LOS HUESOS DEL BOSQUE


Por Manuel Espitia


No sabemos por qué, pero vivimos con la tentación de escaparnos, tampoco sabemos a dónde. Tengo 10 años y no me gusta estar en casa, prefiero salir a correr por el bosque y respirar aire puro de los árboles, lo disfruto más cuando llueve. Vivo en Chile al lado del mar, estoy rodeada de naturaleza, tengo cómo sentirme libre y aun así me siento encerrada, encerrada en una libertad extraña. Cuando voy al bosque suelo llevar un libro para leer, pero hoy solo quiero correr, es verano y ya empieza a oscurecer, mis padres ya están dormidos, tuvieron un día pesado. No sé porque, pero una fuerza rara quiere lanzarme al bosque. Tengo dos Dobermann que siempre me acompañan para protegerme. Son las 21:35 y el sol empieza a ocultarse, es hora. Salgo en silencio de casa, libero a Eros y a Thanatos de sus jaulas y me los llevo sin collar a al interior del bosque.

 Río y corro, ellos están felices, sacan la lengua, juego a las escondidas y siempre me encuentran y ahora yo los busco, pero se pierden. Me detengo y escucho ruidos, las hojas secas se quiebran por lo que parecen ser pasos de algún humano. Miro a los lados y no veo nada, la sangre se me congela, la respiración se acelera, quiero gritar, nunca me había pasado algo así, los pasos se acercan, no veo nada, hasta que una sombra me asalta por detrás, volteo y veo a un hombre de ojos rasgados, que se bota encima de mí, sus ojos dejan adivinar sus instintos. Está feliz de encontrarme sola y me lleva por el bosque como a un costal en sus hombros, asumo que es un secuestro. Llegamos a la orilla del mar y me bota a la arena, se quita la camisa y se agacha, saca unas sogas para atarme y cuando lo hace, le da la espalda a la vida y a la muerte. Eros y Thanatos se tiran sobre él quien ahora es el que siente lo que sentí. Tirada en la orilla del mar veo la escena: mis dos perros masacrando al hombre, lo desmiembran y ponen sus costillas en la espalda, como las alas de un ángel.

 Me pongo de pie y sigo viendo cómo el ser infame se desangra, no aguanto la risa, mis guardianes devoran la carne, lo dejan en huesos y me alcanzan algunos, yo juego con ellos a tirárselos y ellos me los devuelven, cuando se cansan los entierran como si fueran ramas secas. Eros y Thanatos me presentan el cerebro del criminal, lo elevo al cielo y rezo por el sacrificio, me unto de su sangre y la riego en la tierra. Somos la luna, mis tres ángeles y la naturaleza. En un hueso largo entierro el cerebro, hormigas y otros insectos empiezan a recorrer el laberinto se pierden y se insertan en él.

Nos limpiamos en el mar helado para regresar a casa purificados. Eros y Thanatos ya cenaron, espero a que reposen y emprendemos la marcha hacia la casa. Mis dos amigos fieles están alegres y satisfechos mueven sus colas, tal vez por eso siempre me acompañan, porque los llevo a cazar, los llevo a su naturaleza, a su libertad y a la mía.

domingo, 14 de octubre de 2018

SIETE





SIETE





Evocar un viaje y las ausencias que trajo consigo, el olor de la piel quemada en octubre del año en que desencarné; fuego hecho trozos puntiagudos y grises que un niño buscó en la desazón de su noche infernal para sentir miedo de morirse por primera vez.

       Dejó desnudos los huesos e inutilizada el alma ciega, cero bendiciones, nulos ofrecimientos fáciles de cumplir: “No sufrir es una demanda absurda, hacerlo sólo, un asunto cuya planificación jamás existió, pero igual se hizo. Nadie lo entenderá, a nadie le interesó, a nadie le importó… Es jodido y alucinante ser libre.

       Hace tanto sucedió aquel lunes de mierda en el que las certezas se volvieron el mal chiste que se llevó un rosado viento, y aún te busco entre las hojas que caen de los almendros, tu esencia es vegetal, pura, curativa.

       Eres viento que recoge ilusiones y las encripta en los corazones de quienes se atreven a soñar. Todo de ti en mi cabeza acostumbrada a extrañarte; sólo de mí el amor que te susurra versos mientras observas el mundo desde las venas del bosque donde aprendiste a volar.

       Proclamo la belleza de tu existencia que no se agotará nunca. Lates, militas en las palabras, llenas mis pulmones con la índole del luchador y eso no te lo dejaré de agradecer. Me diste todo con una generosidad que nadie ha replicado nunca; ¿Imaginas cuánto de agradecimiento para ti hay en mi alma que hoy nadie conoce?

      Vuelve a visitarme de madrugada y ayúdame a no despertar, hace rato no veo tu sonrisa. La luna apuñala mi esencia de lobo. Siete años después los sentires no dejan de crecer (los buenos y los malos).

       Te amo y eso no lo cambiará nadie jamás, Catalina de mi alma, angelito mío, la única con derecho a juzgarme; lo que vivimos nos hizo inseparables y cumplimos nuestra promesa.