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domingo, 17 de junio de 2018





 SUPERVIVENCIA DE LA FE

Por: Javier Barrera Lugo



Anhelos que se difuminan en el trasegar de los espectros.
Los ejércitos muerden el vientre de Zeus en venganza
Por los crímenes que justifica en el fragor de su poder ebrio,
Ante esos esbirros y cortesanas amaestrados para llamar
Con dulzura a los hombres que con frialdad apuñalarán.

Cansado de estas tierras y de las piedras,
De las voces que tritura la indolencia,
Tomo mi hoz, la cizalla, la cimitarra heredada
De viejos héroes desprestigiados para decapitar los egos
que se camuflan a cada lado del sendero envenenado para emboscarme.

Desafortunado de mí. Son muchos, se defienden y resucitan,
El cansancio llena de nubarrones mis músculos, eclipsa la fe,
El único tesoro que no pude desperdiciar un hombre como yo.
Se reproducen por diez como las infecciones
Con cada exhalación vestida de potestad.

Avanzo dos pasos, me devuelvo uno… algo he de lograr.
Sonrió por inercia así el rostro se desfigure.
No renunciar es el legado que le dejo al silencio,
La ignorancia domina el mundo por centurias;
Una flor en el fango es inteligencia latente que seduce.

lunes, 4 de junio de 2018




¿QUIÉN TE DICE EN QUÉ CREER?

Reflexión de Javier Barrera Lugo



La poca gente con quien disfruto hablar; personas sensatas como Arbo, exigentes en el análisis como mi hermana Liliana,  radicales bien intencionados al estilo Florentino Borrás y hasta vampiroides mamertinos con ínfulas de niños prodigio como en el caso de Mario Diaz, benemérito poeta del absurdo nacido en Cáqueza, están asustados por el futuro político de Colombia, este proyecto de nación que a muchos nos esperanza y  duele al mismo tiempo y a otros indolentes "mala leche," a lo único que los lleva  es a calificarla como "un cagadero," "un potrero," "una mierda de país;" aún cuando aquí comen, respiran, procrean y hasta se amargan con entera libertad, aunque no luchen mucho por lograr los sueños que creen merecer. 

       Esa es la ventaja de vivir en esta "republiqueta bananera"... Vaya y diga lo mismo en otro suelo bien al norte del continente, o no se esfuerce en otra ciudad de "sueño" plagada de lujo y de carencias para ver como le va, hermanito... "¡A Guantánamo sin juicio por traición a la patria"! Vociferaría el orate de Trump.

       Colombia es un lugar atípico y hermoso. Los verdaderamente nocivos somos sus ciudadanos quienes elegimos y perpetuamos a los políticos que nos roban, quienes la embarramos cada cuatro años a conciencia y nos quejamos sin encontrar  soluciones. Lo que se viene en materia electoral no es más que la continuación de un perverso modelo de robo sistemático acordado por una élite, en el cual se presentan opciones maquilladas sin mayor sustento ideológico, salvo la fea cara del próximo primer criminal de la nación. 

       Los de ahora, Duque, Petro y hasta el ególatra de Fajardo (otro de los casi, como Mockus, de propuestas tibias e imprácticas que traen a la palestra palabras lindas como educación, profesor, limpieza, para agradar a la galería) no pasan de ser caricaturas que representan a una sociedad ridícula (nosotros): Está la derecha blanda y acartonada que paga impuestos que los ricos y las multinacionales no pagan porque supuestamente eso vuelve inestable el entorno para  posibles inversiones que nunca se hacen (en Colombia los grandes capitales (Grupo Aval, Valorem, farmacéuticas, etc,) atraen capitales golondrinas que sirven para lavar dinero del tráfico de estupefacientes y sacar sin tributar utilidades. Ya no se asientan fábricas o se produce trabajo. La  industria está en China), 

       También aparece la  izquierda babosa que paga los mismos impuestos, pero para subsidiar elefantes blancos, metros subterráneos imaginarios, casas en el aire ubicadas en la 93 para fastidiarle la vida a las viejas fifi del sector; para fomentar carteles de la contratación y avivar la pereza de los "pobres" ( pobreza es un concepto mental, el subsidio su combustible). Esa izquierda que le dice a la gente lo que quiere escuchar y no hace lo necesario para materializar al menos un plan, la que castiga a la pequeña y mediana empresa, al trabajador que dice defender, la que es ordinaria y "chambona," la que por ego destruye; esa izquierda que da risa...

¿A quién elegir? ¿De qué nos pegamos? 

Llevamos dos siglos aguantando, perdiendo, siendo burlados y tratados como borregos por los políticos. Observe a quien da trabajo, al que se sobregira en el banco para cumplirle a sus trabajadores con el sueldo cada quince días, al que saca adelante a su familia , al que tiene amor propio y güevas para salir avante cuando la vida le da duro, al que proyecta y nunca se queja, al que hace y deja hacer. Estas personas son las que nos enseñan en qué creer, porque lo dicen con el ejemplo. A ellos es a quienes hay que seguir... Y "pégueseles sin miedo o reverencia, sólo aprenda de ellas.

Una última observación: Petro y Duque son tan pusilánimes, que así se lo propongan, no podrán destruir este país, sus cerebros no los dejan pensar en más de un par de Ferragamo o un caballo de paso fino del que se enamore la bestia de su patrón.




domingo, 20 de mayo de 2018


EXFOLIACIÓN
Por: Javier Barrera Lugo


19/03/2036   -  08:00 p.m.
Calurosa noche que se perpetua en las venas de estos tiempos anárquicos y en nuestros corazones de niños descarriados. En la soledad de esta oficina donde testifico un pavoroso espectáculo de tinieblas, evoco cada palabra y acorde de la canción We Didn't Start the Fire, que Billy Joel canta aletargado dentro de una casa suburbana hecha de cartón que fue levantada en un estudio de California, y asumo, debió ser tragada por el tiempo y el miedo a hundirse con sus recuerdos de estrellas cinematográficas y promesas fugaces de la actuación, en un mar de silencios.  La única conclusión que llega a mi cabeza cansada de tanto ver y callar por comodidad es que, sin quererlo, fuimos los hombres, no los dioses o sus demonios asociados, quienes propiciamos el apocalipsis, quienes iniciamos el fuego.
       Púrpuras nubes cubren el transcurrir de una especie bípeda que duerme tristezas metiéndose entre el flujo de veloces carriles llenos de información absurda que les avejenta el rostro. Cielos que, gracias a fosfatos y gases, a combustibles fósiles y metano proveniente de las heces de millones de vacas, se muestran llenos de fuego y donde la lluvia, que desde el inicio de los tiempos multiplicó la vida, ahora cae como un ungüento exfoliante para los suelos ya estériles por los sulfuros que la colman.
       La tierra, hasta hace veinte años productora generosa de alimentos, el fondo marino donde la existencia parecía ser eterna, se volvieron eriales en los cuales las huellas de la muerte dejaron de ser amenazas para transformarse en realidades. El hambre, la más dura de las consecuencias del cambio ambiental, golpeó las puertas de hogares en cada continente, país y vecindario. El pedazo de pan que antes se desechaba es ahora valiosa posesión defendida con la vida.
       La avaricia de unos pocos, la falta de carácter de la mayoría, que nos dejamos imponer demenciales políticas de explotación de recursos sin siquiera chistar, nos tienen donde estamos. Cambiamos el aprovechamiento racional de lo que los suelos nos dieron por el placer de disfrutar de juguetes que nos ataron a sus caprichos: teléfonos que resultaron más “inteligentes” y contaminantes que nuestros escrúpulos, autos que triplicaron el número de hombres que habitamos el planeta, toneladas de alimentos procesados para saciar ansiedades y no hambre, vestidos desechables que encubrieron pobres autoestimas, implantes mamarios estallados entre cuerpos sin mente, fábricas y chimeneas que infestan los países del tercer mundo elaborando basura que hoy no podemos comer… ¡Maldita necedad!
       Sea como sea, no es tiempo de lágrimas. Hoy 19 de marzo de 2036, la humanidad cruzó la delgada línea que puede determinar el renacimiento casi heroico de una especie o su extinción. Esa es la decisión que se nos planteó como grupo y como individuos. Hoy 19 de marzo de 2036, el sistema vital gritó "basta," y aceleró su proceso de muerte. La biósfera se reveló contra el abuso sacudiéndose unos parásitos y sus desenfrenos con crueldad, temblando, cauterizando, ahogando, negándose a producir bienestar. Ese fue el premio para la sorda humanidad.
       Las calles plagadas de tragedia se llenan de dolor y desgobierno; la ley del más fuerte fue cambiada de facto por las reglas del desalmado, del antisocial, del sicópata… Los hombres conscientes piensan soluciones, los malos actúan, los omisos callan y su silencio no es sino renuncia disfrazada.  
      Me niego a caer en apatía. He decidido luchar por preservar mi alma, por proteger a la mayor cantidad de gente que juré defender cuando fui nombrado su soldado. Me confieso defensor acérrimo de la negación del azar como camino y propongo a quien quiera sumarse a apostar por la construcción de nuestro propio destino así este no tenga mayores posibilidades. Llegamos hasta esta noche de cielos rojos y caos por dudar, por dejar que otros decidieran… Soy soldado para iniciar una ruta, para guiar, no para recaer en un error que nos condene al extravío que nos hundirá como especie. Tengo que luchar, no hay opción…





19/03/2036   -  04:00 a.m.
        Con o sin razón, fuimos siempre criticados por muchas personas durante siglos; asesinos a sueldo nos llamaron de manera despectiva a los combatientes desde que tengo memoria. En esta madrugada, cuando el estado dejó de serlo, somos los soldados quienes guiamos a los que vuelven a honrarnos con su confianza.   Tras los acontecimientos que afloraron anoche fuimos nosotros, no aquellos que se adueñaron del mundo, financistas, políticos, criminales y omisos, los que le pusimos el pecho a la brisa, 
       Después de la lógica zozobra, nos unimos para coordinar acciones urgentes, dividimos responsabilidades y reiteramos que lo que imperaría en esta misión de resultado incierto, sería el liderazgo, no el caudillismo inútil. Militares y policías evitarían a toda costa saqueos, la especulación de agua y alimento, delitos paridos por la escases. Los funcionarios del sector salud honrarían sus juramentos, los encargados de la sanidad enterrarían a los muertos, despejarían calles para que la logística de esta emergencia pudiera fluir.
       Todos y cada uno tenemos una misión, el propósito de salvar vidas de personas como nosotros, seres con sueños simples y comunes. La lucha es válida….



22/04/2041   -  11:00 a.m.
       Hace cinco años los ciudadanos de esta ciudad, de este país, de este planeta ya no tan azul, decidimos tomar medidas en contra de la muerte. Muchos no sobrevivieron, pero quienes logramos negar la extinción lo hicimos gracias al despertar de la consciencia, a la valentía de renunciar a los apegos propios en defensa del bien común. Yo como soldado público sin nombre estuve ahí, peleándole vidas al conformismo, honrando mi compromiso, curando almas, viendo la tierra germinar una vez más. Fue una utopía creciendo a rabiar, engalanando el concepto de comunidad, de bien común, de propósitos comunes, de humanidad.
       Los dueños del mundo se escondieron en cavernas porque no era viable para su sentido ególatra asumir responsabilidades tras el holocausto. Pero no fue por mucho tiempo. Una vez las cosas que logramos como tribu se hicieron fuertes, estos personajes salieron de las sombras y engatusaron nuevamente a ese pueblo ávido por comprar sus burdas mentiras. Disfrazando su avaricia, abrieron de nuevo fábricas, inventaron artefactos para distraer ojos curiosos y vigilantes, se tomaron los medios, la vida de la gente asegurándoles que el placer de los sentidos era lo que necesitaban para olvidar la tragedia más grande de la historia…. Lo paradójico fue que la mayoría volvió a caer en la trampa. Los hombres somos los únicos animales que nos golpeamos dos veces contra la misma piedra…
       Mi espíritu está intacto, lleno de cicatrices secas. Cada recuerdo es la confirmación de lo hermosos y patéticos que podemos ser los hombres cuando nos lo proponemos. Ahora que soy viejo, después de ver, padecer y disfrutar todo lo que pasó, me siento orgulloso de haber sido un soldado, no un sirviente; de haber servido, y no servirme de nada o de nadie… Unos cielos púrpuras plagados de muerte me recordaron lo vivo que siempre he estado.