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martes, 14 de noviembre de 2017

“EL MONO QUE QUISO SER ESCRITOR SATÍRICO”

“EL MONO QUE QUISO SER ESCRITOR SATÍRICO”




Por: Augusto Monterroso



En la selva vivía una vez un Mono que quiso ser escritor satírico.
Estudió mucho, pero pronto se dio cuenta de que para ser escritor satírico le faltaba conocer a la gente y se aplicó a visitar a todos y a ir a los cocteles y a observarlos por el rabo del ojo mientras estaban distraídos con la copa en la mano.
Como era de veras gracioso y sus ágiles piruetas entretenían a los otros animales, en cualquier parte era bien recibido y él perfeccionó el arte de ser mejor recibido aún.
No había quien no se encantara con su conversación y cuando llegaba era agasajado con júbilo tanto por las Monas como por los esposos de las Monas y por los demás habitantes de la Selva, ante los cuales, por contrarios que fueran a él en política internacional, nacional o doméstica, se mostraba invariablemente comprensivo; siempre, claro, con el ánimo de investigar a fondo la naturaleza humana y poder retratarla en sus sátiras.
Así llegó el momento en que entre los animales era el más experto conocedor de la naturaleza humana, sin que se le escapara nada.
Entonces, un día dijo voy a escribir en contra de los ladrones, y se fijó en la Urraca, y principió a hacerlo con entusiasmo y gozaba y se reía y se encaramaba de placer a los árboles por las cosas que se le ocurrían acerca de la Urraca; pero de repente reflexionó que entre los animales de sociedad que lo agasajaban había muchas Urracas y especialmente una, y que se iban a ver retratadas en su sátira, por suave que la escribiera, y desistió de hacerlo.
Después quiso escribir sobre los oportunistas, y puso el ojo en la Serpiente, quien por diferentes medios -auxiliares en realidad de su arte adulatorio- lograba siempre conservar, o sustituir, mejorándolos, sus cargos; pero varias Serpientes amigas suyas, y especialmente una, se sentirían aludidas, y desistió de hacerlo.
Después deseó satirizar a los laboriosos compulsivos y se detuvo en la Abeja, que trabajaba estúpidamente sin saber para qué ni para quién; pero por miedo de que sus amigos de este género, y especialmente uno, se ofendieran, terminó comparándola favorablemente con la Cigarra, que egoísta no hacia más que cantar y cantar dándoselas de poeta, y desistió de hacerlo.
Después se le ocurrió escribir contra la promiscuidad sexual y enfiló su sátira contra las Gallinas adúlteras que andaban todo el día inquietas en busca de Gallitos; pero tantas de éstas lo habían recibido que temió lastimarlas, y desistió de hacerlo.
Finalmente elaboró una lista completa de las debilidades y los defectos humanos y no encontró contra quién dirigir sus baterías, pues todos estaban en los amigos que compartían su mesa y en él mismo.

En ese momento renunció a ser escritor satírico y le empezó a dar por la Mística y el Amor y esas cosas; pero a raíz de eso, ya se sabe cómo es la gente, todos dijeron que se había vuelto loco y ya no lo recibieron tan bien ni con tanto gusto.

sábado, 28 de octubre de 2017

TRAMPANTOJO


TRAMPANTOJO**


Por: Javier Barrera Lugo






Se educan los sentidos para reemplazar no lo que falta
sino aquello que pulula como fosforescencia solar;
todas las almas que buscan trascender tienen música en sus actos.
Los ciegos activamos instintos, engatusamos,
cada lugar de la casa es un lienzo blanco para tatuar
los giros que la existencia otorga. Es nuestra diaria encomienda.

Genialidad nunca supera a trabajo; aguafuerte para el beso mutilado,
esa sensación de abandono que tiene matices negros, 
difusos puntos que titilan en lo recóndito del frío y forjo en primer lugar.
Mis manos obran en la creación imitando a Rembrandt,
por eso aprendí de memoria cada luz de octubre, sus atardeceres,
el olor a artificio y perfiles con sabor a trementina después del sexo

sólo para encarnarlos cuando no existan en mis mantras.
Andar es negarse a que la tozudez de la muerte me quebrante,
pintarrajear del mundo cada estría, las pulsiones que desdoblan el alma rebelde
 y preguntar: ¿qué puedes calcar hoy, hombre ciego?
Y responder: alargo el espectro de lo que ves
para que veas lo que quiero ver cuando milito en oscuridad. 

Arar del campo sus colores con cuchillas de fuego
para que broten de ellos el rostro del dios que invento
y plasmar en un trozo de papiro hierático
los rasgos que lo hagan humano: facciones apuñaladas
por el tiempo, miedo en esos ojos que se sirven de lo que yo no puedo,
tibieza del vaho que sospecho, crea vida crujiendo en el cuerpo de la pintura.

Mi obra es un elogio al horror de ser quien soy.
La dignidad está en el defecto que persiste,
acto   blasfemo pleno de belleza que asumo como consigna
y figuro con mis dedos sucios de pigmentos, de plomo, en un cuadrado ínfimo;
caballos celestes se pierden en opacos cielos mientras aquella deidad anciana
 me recuerda que soy un padre celoso dispuesto a asfixiarlo.

Pinto para que los gusanos del tiempo no carcoman mi esqueleto.
Pero el dios viejo que parí y soy yo mismo, es ahora quien reproduce mis ojos vaciados
en esta lámina llena de humo. Me desnuda, se burla con la suficiencia de un tirano:
-Ciego sin corazón-, dice en cada trazo gris que incorpora-, morirás dos veces por
negarme el derecho a ser idolatrado. Hoy creo al hombre que me creó… Y lo asesino.
La esencia es la misma, concluyo: individualidad y omnipotencia, simples invenciones.


Dejo de volar para conocer lo que tiene importancia tácita:
Esta pintura que desde ahora cuelga en el panteón,
- testimonio de un ciego que camina en círculos blandiendo su espada sin filo-
confirma que las criaturas transcribimos nuestros miedos, las virtudes,
esperanzados en que la imagen no termine por ser un  banal esfuerzo
en la búsqueda del tesoro llamado ausencia.

“Ciego cantero, rompe mil piedras, deja de soñarte mártir en la carencia. ¡Trabaja!
Eres susurro del cuervo que ronda la estancia mientras los artesanos
llenan el mundo con obras que fuiste incapaz de provocar.
Persiste en soledad, comienzas a borrarte.”
Mis tonos se diluyen en el agua como preámbulo a la maldición  que se repite:
Todo es  blanco una vez más. Hay que volver a empezar.


** Trampantojo (de «trampa ante ojo») es una técnica pictórica que intenta engañar la vista jugando con el entorno arquitectónico (real o simulado), la perspectiva, el sombreado y otros efectos ópticos y de fingimiento, consiguiendo una "realidad intensificada" o "sustitución de la realidad